Cuando México fue azteca y El Único Mundo

“Los azteca, los mexica, como quieran ustedes llamarnos, nos estamos yendo ahora. Seremos dispersados y absorbidos, y pronto, muy pronto, desapareceremos y quedará muy poco por lo que seamos recordados. Todas las otras naciones también, invadidas por sus soldados que llevan nuestras leyes, por sus señores propietarios exigiendo esclavos para laborar, por sus misioneros llevando nuestros dioses, esas naciones también desaparecerán o cambiarán tanto que no se las podrá reconocer y caerán hasta quedar decrépitas. Cortés se encuentra en estos momentos llevando a sus colonizadores a lo largo de las tierras del océano sur. Alvarado está peleando por conquistar las tribus de las selvas de Quautemalan. Montejo pelea para vencer a los maya, los más civilizados en Uluümil Kutz. Guzmán está luchando para vencer a los desafiantes purémpecha de Michuacan. Cuando menos, todos esos pueblos, al igual que nosotros los mexica, tendrán el consuelo de que pelearon hasta el último momento. Compadezco a esas otras naciones, aun a nuestros antiguos enemigos los texcalteca, que ahora se lamentan amargamente por haberles ayudado a ustedes, los hombres blancos, empujándolos a tomar El Único Mundo.” (Crónica narrada por un indio anciano de la tribu comúnmente llamada azteca, tal y como fue recopilada por un fraile español).

Después de haber terminado de leer Azteca, he comprendido que la historia que nos han contado sobre lo que se llamó “la conquista de América” no tiene nada que ver con lo que realmente sucedió.

Sé que en toda América se derramó mucha sangre de los nativos que allí habitaban en manos de sus invasores. Pero si hubo un lugar donde se produjo una auténtica matanza fue en México. Quizá por eso el ego allí está tan dolido.

Antes de proceder a la narración de los hechos, que realmente es un corta y pega extenso de extractos del libro; he de decir que esa invasión no se hubiese ganado si no hubiese sido porque el conquistador Cortés consiguió poner a una parte de la nación mexicana de su parte; ya que pensaban que éste los libertaría de Motecuzoma, que en aquella época era como un dictador para los mexicanos. Ese factor, y sobre todo, las enfermedades llevadas al otro lado del Atlántico por parte de los españoles contribuyeron a la caída de la nación mexica. Fueron un cúmulo de factores los que debilitaron uno tras otro lo que en su momento se llamó El Único Mundo, que ahora es México. Por eso, para entender la historia de lo que realmente pasó, me ha parecido importante la lectura de este libro. A todo aquel o aquella persona que esté interesado o interesada en la historia de los aztecas y otras tribus que formaron parte de El Único Mundo, este libro esclarece es una buena fuente de información y documentación.

En lo que a Occidente se refiere hay algo que me fastidia especialmente. En lo que a la Península se refiere parece que hay una tendencia a pasarnos la pelota unos a otros a ver quiénes fueron los más malos de la película o los directamente responsables. Y por comentarios que he escuchado, siempre se apunta a Castilla porque allí estaba la corona de entonces. El caso es que algunas personas andan mal informadas, porque Cortés jamás fue enviado por los reyes de Castilla de entonces. A otros lugares de América sí, pero a México no. El oro apenas fue a parar a Castilla. Fue a otros sitios de España. Y si miramos los inicios de todo; quien descubrió América fue Colón. Según recientes investigaciones de algunos científicos, parece ser que ese señor era de los Països Catalans. Así que casi mejor dejar de apuntarnos con el dedo aquí en la Península.

A los conquistadores españoles de entonces les movía la aventura y el oro. Especialmente éste último. Mataron en nombre de Dios, aunque como dice el narrador de ‘Azteca’: “Dios no tuvo nada que ver en eso. Los seres humanos matan en su nombre, pero cometen errores”.

Por la diferencia de religiones y por el oro. Eso fue lo que llevó a los españoles de lo que se llamó “conquista” a cometer errores y genocidio.

Cuando se empezaron a ver hombres blancos en México eran doscientos cuarenta. Al principio no se metían con nadie. No causaban problemas. Motecuzoma, en mexicano; en español, Moctezuma pensaba que los hombres blancos eran “dioses extranjeros”.  En México, el dios más poderoso es Quetzalcoatl: Serpiente Emplumada. Motecuzoma comparó un texto narrado en piel de venado que su sobrino había rescatado de los archivos de Texcoco con el yelmo que llevaban los españoles. El texto narraba la abdicación y la partida del gobernante tolteca Serpiente Emplumada. Para Motecuzoma el detalle del dibujo en el que se veía a Quetzalcóatl diciendo adiós en su canoa que flotaba en el mar era importante. Iba vestido como los mexica de la época en la que llegaron los españoles. Llevaba en su cabeza algo que seguramente era la corona de los tolteca. “La apariencia de tocado que está en este dibujo tiene una semejanza maravillosa con el yelmo del hombre blanco”, le decía Motecuzoma al Campeón Mixtli, el narrador del libro “Azteca”. Y continuaba: “Escuche. Hay una prueba todavía mayor. Como hace tiempo lo prometí, puse a todos los historiadores de toda la Triple Alianza a buscar lo que pudieran encontrar acerca de los desaparecidos tolteca. Y escuche esto: de acuerdo con esas leyendas redescubiertas, los tolteca tenían una complexión pálida muy fuera de lo común y también tenían mucho pelo. Los hombres acostumbraban a dejárselo crecer en sus caras, porque lo consideraban un signo de hombría. Los tolteca eran unos hombres blancos y barbudos, exactamente iguales a estos forasteros que cada vez nos visitan más frecuentemente”.

Campeón Mixtli, el narrador de “Azteca” explicaba que un año más tarde  llegaron once barcos más y cientos de hombres blancos a El Único Mundo. La población había reunido inmediatamente a sus guerreros, no solamente a los Cupilco sino que también juntaron a los coatzacuali, a los coatlícamac y otros más de esa región, que en total fueron unos cinco mil. “Se pelearon muchas batallas en el espacio de diez días”. Uno de los mensajeros de Motecuzoma le decía a éste: “Las armas de los hombres blancos eran invencibles: Ellos tenían lanzas, espadas, escudos y armaduras de metal, contra los cuales la obsidiana de las maquáhuime se rompía al primer golpe. Tenían arcos muy pequeños y con el arco muy mal hecho, pero que lanzaban pequeñas flechas con increíble destreza. Tenían esos palos que lanzaban luz y truenos y que aunque hacía unos agujeritos insignificantes en sus víctimas, eran de muerte. Tenían unos tubos de metal puestos sobre unas ruedas muy grandes que se parecían mucho más una tormenta furiosa enviada por el dios, pues éstos escupían todavía más luz, atronaban más fuerte y que arrojaban pedacitos de metal dentado que segaban la vida de muchos hombres al mismo tiempo, como un maizal abatido por una tormenta de granizo. Pero lo más maravilloso, increíble y aterrorizador de todo, dijo el mensajero, es que algunos de esos guerreros blancos son hombres-bestias: sus cuerpos son como venados gigantes pero sin astas, sus cuatro patas tienen cascos, con los que galopan tan rápido como un venado, mientras que sus dos armas humanas que empuñan con habilidad, ya sea la lanza o la espada, tienen efectos letales y a su sola vista, hasta los hombres más valerosos tiemblan de miedo”.

Motecuzoma tenía su gobierno a su alrededor: El Consejo de Voceros. Durante esa época en la que Motecuzoma no sabía quiénes eran los españoles; si dioses o visitantes; el Consejo de Voceros intentaba entender quiénes eran. Uno de ellos decía que según las leyendas, Uno Caña fue el año en que Quetzalcóatl nació en su forma humana, para ser el Uey-Tlatoani de los tolteca. Otro decía: “Uno Caña pudo haber sido, por supuesto, el año en que Quetzalcóatl completó su gavilla de cincuenta y dos años”. Tanto para los mayas como para los aztecas, los ciclos de la vida eran de cincuenta y dos años.

Y otro decía: “Pero aunque se fue prometió volver. La Serpiente Emplumada había nacido en el año Uno Caña y desapareció en el siguiente año llamado Uno Caña”.

“Uno de los ancianos del Consejo de Voceros dijo pensativamente: “Nueve Viento. De acuerdo, por lo menos con una de las leyendas, el nombre completo de Quetzalcóatl era Nueve Viento Serpiente Emplumada. Lo que quiere decir que él había nacido en el día Nueve Viento”.

En el año Uno Conejo, sesenta y seis años atrás, el padre del narrador de la novela vio unas luces en el cielo. Igual que una de esas noches desde que llegaron los españoles. Esas luces se habían visto por primera vez en el El Único Mundo hacía sesenta y seis años. Campeón Mixtli le dijo a Motecuzoma: “De acuerdo con mi padre, fue el augurio que presagió el principio de los Tiempos Duros”.

En lo que a la religión se refiere se empezó a bautizar a las personas del México de entonces. “No pude ver mucha diferencia entre eso y las creencias y prácticas de la mayoría de nuestros pueblos, aunque la inmersión se hacía con diferentes dioses puestos en la mente”, decía el narrador del libro.

Los sacerdotes españoles les explicaron el bautismo y les dijeron que de acuerdo con su religión cristina todos los hombres se llamarían Juan Damasceno y todas las mujeres Juana Damascena. “Debo confesar que muy rara vez he pensado en mí mismo como Juan Damasceno. Sin embargo, supongo que el nombre vivirá más que yo, porque he sido inscrito con él en todos los rollos de registro y otros papeles oficiales del gobierno de esta Nueva España, y probablemente el último registro de todos sin duda dirá que Juan Damasceno murió”; decía Campeón Mixtli.

Motecuzoma envió mensajeros con regalos de oro para Cortés, para que se fuera del país. Cortés quería más: “Estamos ansiosos por ver las maravillas que debe tener vuestra ciudad capital. No pensaría en irme antes de que mis hombres y yo nos regocijemos la vista en lo que según me han dicho es la ciudad más rica de todas estas tierras”; decía Cortés. Se refería a Tenochtitlan.

A lo que el mensajero le contestó: “Ayya, el señor blanco sólo hará un viaje largo y peligroso para encontrarse con una desilusión. No deseamos confesárselo, pero el Venerado Orador despojó y echó a perder la ciudad, para poderles dar estos regalos. Él oyó que los hombres blancos que nos visitaban parecían apreciar el oro, así es que él mandó todo el oro que poseía, como también todos sus demás adornos de valor. Ahora la ciudad ha quedado pobre y fría. No vale la pena que los visitantes se molesten en verla”.

“Ce-Malinali, Malintzin, en México, la Malinche, el nombre españolizado era la amante y la intérprete de Cortés. Dijo lo siguiente al traducir todo eso en xiu a Aguilar: “El Venerado Orador Motecuzoma les mandó esos simples regalos con la esperanza de que el Capitán Cortés estuviera satisfecho con ellos e inmediatamente se fuera de aquí. Pero de hecho sólo representa una pequeña partes de todos los tesoros inestimables que tiene en Tenochtitlan. Motecuzoma desea desanimar al Capitán, para que no vea la riqueza  real que tiene en su ciudad capital”.

Mientras tanto toda la población de los totonaca estaba bajo las órdenes de Cortés. Trabajando como cargadores, carpinteros, albañiles. O hacían eso o eran instruidos por “los sacerdotes blancos” para adorar la religión cristiana.

Finalmente Motecuzoma se convenció que Cortés era un ser humano, no un dios. Campeón Mixtli narraba en el libro: “Hasta entonces él había pensado en los hombres blancos como una amenaza, como dioses o mensajeros de los dioses y requiriendo que nosotros les profesábamos todo respeto, amistad y probablemente hasta toda nuestra sumisión. Pero al oír mi información y la opinión de los doctores, estaba muy dispuesto a subestimar a los hombres blancos, como si no merecieran nuestra atención y preocupación. Esa actitud se me hacía tan peligrosa como la otra, pero como no podía decir eso con tantas palabras, sólo le dije:”Quizá Cortés esté enfermo hasta el punto de estar loco, Señor Orador, pero un loco puede ser todavía más peligroso que un cuerdo. Hace solamente unos cuantos meses que esos bichos vencieron a unos cinco mil guerreros en las tierras de Cupilco”.

“Pero los defensores de Cupilco no tienen nuestras ventajas.” –No fue Motecuzoma quien habló, sino su hermano, el jefe guerrero Cuitláhuac-. “Fueron al encuentro de los hombres blancos con la antigua táctica de combate cuerpo a cuerpo. Si a la mayoría de mis guerreros les doy arcos y flechas, podremos estar fuera del alcance de sus armas de metal y escapar a las descargas de sus pesadas armas de fuego y podremos vencerlos con flechas más rápidas, que no podrán contestar con sus proyectiles”.

Campeón Mixtli decía: “Cortés, aunque fuese un loco digno de lástima o un hombre audaz quien actuaba incitado por las ambiciones de su consorte, se estaba atribuyendo tierras sin límites y pueblos incontables que ni siquiera había visto, sin haberlos conquistado por combate o por algún otro medio. Las tierras sobre las que él clamaba sus dominios incluían las de nosotros y los pueblos sobre los que él clamaba soberanía incluía al nuestro, los mexica”.

En el mes once Ochpaniztli, que significaba “Barrido de las calles”; “ese año Cortés inició la marcha tierra adentro. Dejó sus remeros y algunos de sus soldados para vigilar la población de la Villa Rica de la Vera Cruz y se dirigió hacia el oeste. Caminó a las montañas en compañía de cuatrocientos hombres blancos y unos mil trescientos guerreros totonaca, todos ellos armados y vistiendo sus trajes de guerra. Había otros mil hombres totonaca que servían como tamemime para cargar las armas de reserva, así como los cañones desarmados y sus pesados proyectiles, provisiones de viaje y demás. Entre los cargadores se encontraban algunos espías de Motecuzoma que fielmente se comunicaban con otros quimíchime apostados a lo largo de la ruta, “y de esta manera nos mantenían informados a todos nosotros en Tenochtitlan sobre las personas que formaban el grupo de Cortés y su avance”; explicaba Mixtli.

Cortés y su grupo estaban pasando por las tierras de muchas tribus pequeñas que habitaban en esas montañas, tribus como los tepeyahuaca, los xica y otras que nunca habían pagado los tributos de buena gana a la Triple Alianza.

“Bueno. No es nececesario que relate cada detalle de aquella batalla tan desigual”; señalaba Campeón Mixtli, el indio azteca narrador del libro.

“Considerando las terribles pérdidas que los texcalteca habían sufrido, es una honra para Texcala que, a pesar de eso, la nación en sí no se rindió ante Cortés, pues los texcalteca eran un pueblo valiente, orgulloso y desafiante. Pero desgraciadamente tenían una fe enorme en la infalibilidad de sus adivinos y profetas. Así es que a esos hombres sabios fue a los que el jefe guerrero xicotenca reunió urgentemente, la tarde del mismo día en que fue derrotado, y les preguntó”; señala Mixtli. Y continúa:“Los adivinos texcalteca estaban en un error tan grande como con frecuencia sucede con los adivinos de todas partes. Evidentemente, todos los ejércitos de los blancos sí pelean de noche con frecuencia entre ellos mismos, y tienen la costumbre de tomar precauciones contra tal sorpresa. Cortés había puesto centinelas alrededor de su campamento”.

“Fueron ellos (los texcalteca) los que con más maldad que los hombres blancos llevaron a la ciudad a la ruina y acabaron con su población sin misericordia o discriminación, matando hasta a los Tlaquíach y Tlalchíac. Algunos de los hombres de Chololan alcanzaron a correr por armas con las cuales pelear, pero eran tan pocos y estaban tan rodeados que sólo podían hacerlo en retirada, moviéndose hacia arriba de los flancos de la pirámide-montaña de Chololan. Se debatieron valerosamente hasta llegar a la cima de ésta y al final se encontraron acorralados dentro del gran templo de Quetzalcóatl. Así que sus atacantes simplemente colocaron leña alrededor de éste y lo encendieron, quemándolos vivos”; explica Mixtli. Y sigue narrando:“El templo fue quemado, derrumbado y su escombro regado. No quedaron más que árboles y arbustos, razón por la cual mucha de su gente, desde entonces, no ha podido creer que la montaña no es una montaña sino una pirámide levantada, hace mucho por los hombres. Claro que ahora sé que tiene algo más que verdor. La cima en donde fueron abatidos Quetzalcóatl y sus adoradores esa noche, últimamente ha sido coronada en una iglesia cristiana”.

“Cuando Cortés llegó a Chololan ésta estaba habitada por cerca de ocho mil personas; cuando se fue, estaba vacía. La masacre ocurrió el primer día de nuestro mes quince, llamado Panquétializtli, que quiere decir El Florecimiento de las Banderas Emplumadas, y se celebra en todas partes con ceremonias en que la gente llevaba estandartes emplumados”; narra Mixtli.

Primero los hombres blancos le quitaron los totonaca a Motecuzoma. Luego conquistaron Texcala, “cosa que Motecuzoma ni ninguno de sus predecesores había podido hacer jamás”; explica el campeón mexica. Luego terminaron con los aliados de Motecuzoma en Chololan. “Empieza a parecer que los hombres blancos son más poderosos todavía que los reconocidamente fuertes mexica. Sería más sabio por nuestra parte ponernos del lado de la fuerza superior… mientras lo podamos hacer voluntariamente.”, decían los gobernantes y jefes guerreros de las muchas otras comunidades consideraban teniendo en cuenta los sucesos.

Cuando Motecuzoma llevó a Cortés a la plataforma que se le tenía preparada en el palacio en el que vivía Motecuzoma, le dijo: “Éste era el palacio de mi padre, quien fue uno de mis predecesores como Uey-Tlatoani. Se ha limpiado escrupulosamente y ha sido amueblado y decorado para ser digno de huéspedes tan distinguidos. Contiene conjuntos de habitaciones para usted, para su señora –eso lo dijo con cierto disgusto- y para sus oficiales principales. Hay suficientes cuartos amplios para el resto de su compañía y un grupo completo de esclavos para servirle, cocinarle y atender sus necesidades. El palacio será su residencia durante el tiempo que usted permanezca en estas tierras”.

“Durante los días siguientes, Motecuzoma personalmente condujo a sus huéspedes en paseos por la ciudad, acompañado por el Mujer Serpiente y otros miembros de su Consejo de Voceros, y por una cantidad de sacerdotes de la corte, quienes llevaban caras y expresiones de gran disgusto”, narraba Mixtli.

Cortés hizo algún comentario sobre las costumbres mexica a lo que Motecuzoma contestó, traducido por Mixtli: “Capitán General, usted está aquí como mi huésped y un huésped educado no menosprecia las creencias de su anfitrión, como tampoco se burlaría del gusto de su anfitrión en vestirse o en sus esposas. También, aunque usted sea mi huésped, la mayoría de mi pueblo resiente el tener que ser hospitalario con ustedes. Si trata de entrometerse con sus dioses, los sacerdotes levantarán sus voces en contra de ustedes, y en asuntos de religión los sacerdotes pueden mandar sobre mis órdenes. El pueblo obedecerá a los sacerdotes, no a mí, y tendrá suerte si usted y sus  hombres son echados vivos de Tenochtitlan”.

Cortés se disculpó en cierto modo y Motecuzoma fue benevolente: “Sin embargo, trato de ser un hombre justo y un anfitrión generoso. Me he dado cuenta de que ustedes los cristianos no tienen un lugar en donde adorar a sus dioses, y no me opongo a que lo hagan. Ordenaré que el pequeño Templo Águila que está en la gran plaza se limpie y que sean quitadas las piedras de sus altares y sus imágenes, y todo aquello que pueda ser ofensivo a su religión. Sus sacerdotes pueden amueblarlo como ellos lo requieran y el templo será su templo por el tiempo que ustedes lo deseen”.

Mientras tanto, el Consejo de Voceros y Mixtli seguían deliberando qué hacer con los españoles. Mixtli le preguntaba a Motecuzoma cuándo se irían los españoles. “Se irán cuando lleguen los barcos por ellos. Y sé que se irán, porque les he prometido que se pueden llevar lo que vinieron a buscar.”, contestó Motecuzoma. Alguien dijo: “Oro”.

“Sí, mucho oro. Cuando los soldados blancos ayudaron en la mudanza de mi residencia, registraron mi palacio de arriba abajo y descubrieron los cuartos de la Tesorería, aunque había tomado la precaución de mandar tapiar las puertas, y…”, narraba Motecuzoma.

Fue interrumpido por exclamaciones de disgusto de la mayor partes de los hombres allí presentes, y Cuitláhuac le preguntó: “Les darás el tesoro de la nación?”

“Sólo el oro –dijo Motecuzoma-. Y las joyas más valiosas. Es todo lo que les interesa. No les importan las plumas, los tintes y las piedras de jade y las raras semillas de flores y demás. Eso seguirá atesorado y esas riquezas sostendrán a la nación el tiempo suficiente para que nosotros podamos trabajar, pelear e incrementar nuestras demandas tributarias hasta recuperar todo nuestro tesoro”.

Otro hecho desconocido en muchos libros sobre la historia de México es que el Consejo de Voceros y Motecuzoma pensaban que los visitantes blancos venían de parte del Rey Don Carlos, a petición del mismo Cortés. Pero no fue así.

“Desde el momento de su llegada a estas tierras, Cortés se había hecho pasar por un emisario de su Rey Don Carlos, y ahora sé que no fue así. Su Rey Don Carlos jamás envió a Cortés como expedicionario aquí ni por el engrandecimiento de Su Majestad ni por el de España, ni por la propagación de la Fe Cristiana, ni por ninguna otra razón. Cuando Hernán Cortés pisó por primera vez El Único Mundo, su Rey Don Carlos ¡jamás había oído hablar de Hernán Cortés!”, explicaba Mixtli.

Cortés fue enviado por parte del gobernador de Cuba “con instrucciones de no hacer nada más venturoso que explorar nuestras costas, trazar mapas de ellas, y quizás un poco de comercio provechoso, cambiando sus cuentas de vidrio y otras curiosidades.”, decía el campeón mexica y continuaba: “Pero hasta yo pude comprender que Cortés vio una gran oportunidad después de vencer con tanta facilidad a los guerreros del Tabascoöb en Cupilco, y especialmente después de la gente totonaca débilmente se sometió a él sin pelear en los absoluto. Debió de haber sido entonces cuando Cortés se propuso ser el Conquistador en Jefe, el Conquistador de todo El Único Mundo. He oído que algunos de sus oficiales menores, temerosos de la ira de su gobernador, se opusieron a sus planes de grandeza, y fue por esa razón que ordenó a sus seguidores más leales quemar los barcos. Aislados en estas costas, hasta los más recalcitrantes no tuvieron otra opción más que someterse al plan de Cortés”.

“Cortés envió el único barco que le quedaba y Alonso, su oficial, para entregar el primer cargamento de tesoros sacados de nuestras tierras. Se suponía que Alonso debía pasar sigilosamente por Cuba y atravesar el océano directamente hacia España y allí deslumbrar al Rey Don Carlos con los ricos regalos, para que éste diera su real bendición al proyecto de Cortés, junto con la concesión de un rango alto, para hacer legítimo su saqueo durante la conquista. Pero de alguna forma, el gobernador supo que ese barco había pasado en secreto por la isla, y adivinó que Cortés estaba haciendo algo en contra de sus órdenes. Así que el gobernador reunió los veinte barcos y una multitud de hombres, mandando a Narváez como comandante de esa flota, a perseguir y atrapar al prófugo Cortés, despojándolo de toda autoridad para que hiciera la paz con cualquier gente que hubiera ofendido o de quien hubiera abusado, y traerlo encadenado nuevamente a Cuba”, explicaba el campeón Mixtli.

“Sin embargo, mientras Alonso supuestamente estaba mostrando dorados regalos y perspectivas no menos doradas ante su Rey Don Carlos en España, Cortés estaba haciendo lo mismo en Vera Cruz, mostrándole a Narváez muestras de las riquezas de esas tierras, convenciéndolo de que estaban casi ganadas, y de que debía unirse a él y concluir la conquista, asegurándole que no había ninguna razón para temer la ira de un simple gobernador de colonias. Pues pronto mandarían –no a su insignificante superior inmediato, sino a todo poderososo Rey Don Carlos- toda una colonia nueva y más grande en tamaño y riqueza que la Madre España y todas sus demás colonias juntas”, explicaba Mixtli.

Los guías y los ancianos mexica decidieron por voto formal  declarar a Motecuzoma Xocoyótzin “temporalmente incapacitado”, y nombrar a su hermano Cuitláhuatzin como regente para gobernar en su lugar, y aprobar su primera decisión en ese oficio: “que rápidamente elimináramos todos los extranjeros que infestaran Tenochtitlan”.

Según el campeón Mixtli puede que “Cortés quizás quiso a esa mujer (Malintzin) porque la mantuvo a su lado durante algunos años más. No trató de esconderla ni cuando inesperadamente llegó de Cuba su esposa Doña Catalina, a quien tenía abandonada por mucho tiempo. Doña Catalina murió unos meses después. Poco después de eso, Malintzin dio a luz a Martín, el hijo de Cortés”.

“Cortés no se apartó de Malitzin hasta después de su visita la corte del Rey Don Carlos, de donde regresó como el Marqués del Valle, trayendo con él a su recién adquirida Marquesa Doña Juana. Entonces se aseguró de que Malintzin, a quien había hecho a un lado, quedara bien establecida económicamente. En nombre de la Corona, le dio una concesión considerable de tierra, e hizo que contrajera matrimonio en una ceremonia cristiana con un tal Juan Jaramillo, capitán de un barco. Desgraciadamente el comedido capitán desapareció en el mar, poco después. Tras este suceso, Malintzin fue conocida como Doña Marina Viuda de Jaramillo, dueña de la impresionante isla en el estado de Tacamichapa, cerca del pueblo del Espíritu Santo, el pueblo que anteriormente se llamaba Coatzacoalcos, y la isla que le concedió la Corona se encuentra en el río en donde hace mucho tiempo la muchacha esclava Uno Caña me ofreció un trago de agua”.

En un momento dado, “Cortés mandó una compañía de soldados a través de la plaza al palacio de Motecuzoma, en donde con lanzas, barras de hierro y vigas echaron abajo las paredes con que Motecuzoma había tratado de sellar los cuartos del tesoro. Los soldados transportaron todo el tesoro de oro y joyas al comedor del palacio donde estaba Cortés”, explicaba Mixtli.

Mixtli no sentía mucha simpatía por Motecuzoma. Antes de la llegada de los españoles el Venerado Orador lo trató con desprecio. Su forma de comportarse, tras la llegada de los españoles siempre le pareció pasiva. “Así que Motecuzoma, patéticamente obediente, envió mensajeros al día siguiente muy temprano para llamar a su Consejo de Voceros y a otros, incluyéndome a mí”, narraba Mixtli.

A lo que Cuitláhua, hermano de Motecuzoma reaccionó: “Debemos dejar que se confíe con falsa seguridad, un poco más. Iremos al palacio como se nos pidió y actuaremos como si nosotros y todos los mexica todavía fuéramos los muñecos dóciles y pasivos de Motecuzoma”.

Y entonces, “desde esa plataforma, desolada, y sombría, Motecuzoma pronunció su último discurso”. Fue una traición de Cuitláhuac. Cuando Motecuzoma habló a su pueblo; las personas que lo escuchaban eran mexica. Y lo abuchearon; le acusaron de haberse puesto del lado de los blancos. Lo preparó Cuitláhuac. “Los hombres de esa multitud eran guerreros temporalmente sin armas para aparentar que toda la población se reunía para hacer patente su público desprecio”.

Cortés le dijo a Cuitláhuac: “Os invito como nuevo Venerado Orador a que seáis mi huésped en este palacio, como lo fue Montecuzoma”.

Cuitláhuac contestó: “Si permanezco aquí, no seré el Venerado Orador, por lo tanto soy inútil como su huésped. ¿Qué prefiere?”

Cuitláhuac continuó: “Aun después de quedar formalmente confirmado como Uey Tlatoani por los sacerdotes y el Consejo de Voceros, debo ganarme la confianza y la aprobación de la gente. Podría hacerlo si les dijera exactamente cuándo piensa partir el Capitán General y su compañía de este palacio”. Cortés le contestó que por un tiempo razonable a lo que Cuitláhuac contestó: “Por un tiempo razonable, entonces –repitió Cuitláhuac, asintiendo con la cabeza-. Así se lo haré saber a la gente, y les pediré que sean tolerantes, hasta afables, si es que pueden serlo”.

Después llegó lo que Cortés llamó la “Noche Triste”.

“Si nosotros los mexica todavía estuviéramos anotando la historia, le habríamos dado un nombre muy diferente a ese día. Quizás “La noche de la última victoria de los mexica”. pero como ahora son ustedes, los españoles, los que escriben la historia, supongo que esa noche sangrienta y lluviosa que por su calendario fue el día treinta del mes de junio en el año mil quinientos veinte será por siempre recordada como la “Noche Triste”, explicaba Mixtli.

El campeón Mixtli recordaba con tristeza: “Me sonrío ahora –con tristeza y menosprecio, pero sonrío- cuando veo el caminar altivo y orgulloso de Hernán Cortés, de Pedro Alvarado, de Beltrán, de Guzmán y de todos los demás veteranos españoles quienes se exaltan a sí mismos llamándose “los Conquistadores”. Y hubieron más factores que contribuyeron a la caída de El Único Mundo como el hecho deplorable de que El Único Mundo se volvió contra sí mismo: nación contra nación, vecino contra vecino, llegando finalmente hasta hermano contra hermano. Pero si alguien merece ser honrado y recordado con el título de el Conquistador, ése debe ser un solo y único hombre, aquel negro sin nombre que trajo la enfermedad de las pequeñas viruelas a Tenochtitlan”.

“Tenochtitlan se vio desgarrado por la viruela, y la enfermedad se extendió por toda la región del lago, hasta llegar a cada comunidad de la Triple Alianza, pero jamás alcanzó Texcala o afligió allí a ninguno de nuestros enemigos”, narraba el campeón mexica.

Y continuaba: “He oído como muchas personas –que no estuvieron aquí en aquel tiempo- critican nuestra apatía o estupidez o nuestro confiado sentido de seguridad, porque nos aislamos y no hicimos nada para evitar la llegada de las fuerzas de Cortés, pero la razón de ello era que no podíamos hacer nada. Desde Tzumpanco, que estaba al norte, hasta Xochimilco, en el sur; desde Tlacopan, al oeste, hasta Texcoco, en el este, todo hombre y mujer que no estaba ayudando a cuidar a los enfermos se encontraba moribundo o muerto. En nuestra debilidad, sólo podíamos esperar, tener la esperanza de habernos recobrado hasta cierto grado antes de que regresara Cortés nuevamente. Acerca de eso, no teníamos ninguna ilusión; sabíamos que vendría de nuevo. Y fue durante ese triste verano de espera que Cuitláhuac hizo un comentario, en mi presencia y en la de su primo Cuautémoc: “Preferiría que el tesoro de la nación permaneciera para siempre en el fondo del lago de Texcoco, o que se hundiera hasta las profundidades más negras de Mictlan, para que los hombres blancos jamás lo vuelvan a tener en sus manos otra vez”.

Poco después Cuitláhuac murió sin llegar a convertirse en Venerado Orador.

Tenochtitlan escogió un lugar para enterrar a sus muertos que estaba atrás de la colina de Chapultépec.

Para el narrador del libro “Azteca” “la enfermedad de las pequeñas viruelas fue el verdadero conquistador de nosotros los mexica y de algunos de nuestros pueblos. Y todavía hubo otras naciones que fueron abatidas o que todavía lo están siendo por enfermedades que antes jamás se habían visto en estas tierras, algunas de las cuales hicieron que nosotros los mexica casi nos sintiéramos agradecidos por haber sido visitados sólo por las pequeñas viruelas”.

Campeón Mixtli le narraba a los frailes: “Las enfermedades espantosas traídas aquí por sus compatriotas, muchas veces se han adelantado y extendido con más rapidez de lo que estos hombres han podido caminar. Algunos de esos pueblos que ellos pensaron conquistar, ya estaban conquistados y muertos antes de que ellos mismos supieran que eran objetos de conquista. Esas gentes murieron sin haber peleado jamás en contra de sus conquistadores o haberse rendido a ellos, y sin siquiera haber visto a los hombres que mataron. Es completamente posible que todavía haya pueblos en los más remotos rincones de estas tierras; tribus como los rarámuri y los zhu huave, por ejemplo, que ni sospechan que existen tales seres como los hombres blancos. No obstante, esas gentes pueden estar agonizando horriblemente a consecuencia de las pequeñas viruelas o la peste muriéndose sin saber siquiera que los están matando, ni por qué, ni quién, en estos precisos momentos”.

La primera en caer fue Tepeyaca, “nuestro vecino más cercano hacia el norte; luego lo hicieron las ciudades de Ixtapalapan y Mexicaltzinco; más tarde, Tenayuca, al nordeste, y Azcapotzalco; después, Coyohuacan, al sudoeste”, narraba Mixtli.

La ciudad Tlacopan era la capital de los tecpaneca y tercer baluarte de la Triple Alianza.

El Mujer Serpiente, uno de los miembros del Consejo de Voceros dijo: “Todas las naciones que nos rodean y que no se han unido voluntariamente a los hombres blancos, han quedado vencidas y ahora obedecen sus órdenes. A excepción de los guerreros fugitivos que se encuentran aquí, no queda nadie más que nosotros, los mexica, solos contra todo El Único Mundo”.

“Así debe ser –dijo Cuautémoc con calma-. Si es nuestro tonali (destino) no será al fin los vencedores, entonces que El Único Mundo recuerde por siempre que los mexica fuimos los últimos en ser vencidos”.

“Cualquiera que sea el final, la historia no puede olvidarlos ahora. Los mexica se sostuvieron de pie. Los mexica siguen de pie. Los mexica permanecerán de pie hasta que ya no puedan sostenerse de pie”.

Los últimos acontecimientos antes de la caída total de la civilización mexica fueron los siguientes. Lo explicaba el Campeón Mixtli: “Una noche, cuando Cuautémoc ya no pudo ver sufrir más su pueblo, citó a toda la población de la ciudad para que se reuniera en El Corazón del Único Mundo. Si Tecnochtitlan ha de sobrevivir un poco más, ya no debe ser una ciudad, sino una fortaleza y una fortaleza debe ser comandada por aquellos que aún están en posibilidad de luchar. Estoy orgulloso de la lealtad y resistencia demostrada por todo mi pueblo, pero ha llegado el momento en que con gran pena debo pediros que pongáis fin a vuestra lealtad”.

“Cuando mande abrir esta bodega –continuó Cuautémoc-, el maíz se repartirá en partes iguales entre todos los que lo pidan. Ahora bien, eso puede proporcionar a cada persona en esta ciudad, quizás, una última comida muy escasa, o, será lo suficiente para alimentar un poco mejor a nuestros guerreros, para darles más fuerzas con que pelear hasta el final, cuando llegue ese final y como llegue. Pueblo mío, no os daré ninguna orden, sólo os pido que escojáis y toméis una decisión”.

“Él terminó diciendo: “Esta noche he mandado colocar el puente sobre el camino-puente del norte. El enemigo espera con cautela al otro lado, preguntándose por qué habré hecho eso. Lo he hecho para que todos los que queráis partir, y podáis hacerlo, lo hagáis. No sé qué es lo que encontraréis en Tepeyaca, quizás comida o descanso o la Muerte Florida, pero os suplico a aquellos que ya no podéis luchar que aprovechéis esta oportunidad para dejar Tenochtitlan. Esto no será una deserción ni con ello debéis sentiros derrotados, no incurriréis en ninguna vergüenza al partir. Al contrario, de esta manera permitiréis que nuestra ciudad pueda defenderse un poco más. No diré más.”

En Tenochotitlan sólo quedó Cuautémoc, otros señores de su corte, su Consejo de Voceros, sus esposas y familias, tanto del Venerado Orador como de sus otros nobles, varios físicos y cirujanos, todos los campeones y guerreros útiles “y algún que otro viejo obstinado como yo, quienes habían tenido buena salud antes del sitio y que no habíamos quedado tan debilitados a consecuencia del mismo y que aún podíamos luchar si era necesario”; narraba Campeón Mixtli.

“Aunque no estuve presente en ese encuentro supe más tarde lo que Cuautémoc dijo a Cortés por medio de su intérprete Malintzin: “Yo no me rindo. Era por el beneficio de mi gente que los estaba eludiendo, pero como me han atrapado limpiamente –y señaló la daga que Cortés llevaba al cinto-, y puesto que estamos en guerra, yo merezco y exijo que me maten como a un guerrero. Le pido que me mate ahora, aquí en donde estoy parado”.

Cuautémoc significa Águila Que Cae Sobre Su Presa, “pero supongo que era inevitable y hasta más adecuado que después de ese día, que en nuestro calendario fue Uno Serpiente de nuestro año Tres Caña y que en el de ustedes fue el trece de agosto de su año mil quinientos veintiuno, el nombre de nuestro último Venerado Orador fuera siempre y desde entonces traducido al español como El Águila Caída”, decía Mixtli.

Tras este suceso, “fuera del área inmediata de la Triple Alianza, ninguna otra parte de estas tierras había sido devastada de esa manera y probablemente había todavía muchos lugares en donde la gente ni siquiera se había dado cuenta de que ya no vivían en El Único Mundo, sin en un lugar llamado la Nueva España. Aunque habían sido abatidos cruelmente por esa nueva y misteriosa enfermedad, ellos casi nunca vieron a un español o cristiano, así es que no tuvieron nuevas leyes o dioses impuestos por ellos y siguieron con sus formas acostumbradas de vida, recogiendo la cosecha, cazando, pescando y demás, como habían hecho durante gavillas de años antes”, narraba Mixtli.

Al día siguiente de que Cuautémoc fuese capturado, según Mixtli “Cortés concentró toda su atención y energía en la reconstrucción de esta ciudad, aunque más bien debería decir nuestra energía. Pues decretó que, como había sido por culpa de nosotros, los imprudentes mexica, el que Tenochtitlan fuera destruida, nosotros seríamos los responsables de la restauración de dicha ciudad como la Ciudad de México. Aunque sus arquitectos, fueron los que hicieron los planos, sus artesanos los que supervisaron la obra y sus más brutales soldados los que movieron lo látigos para que el trabajo fuera hecho, fue nuestra gente la que lo hizo, y fuimos nosotros los que proporcionamos los materiales y, si queríamos comer después de nuestro trabajo, éramos nosotros los que nos teníamos que proporcionar esa comida. Y nuestras mujeres, cuando no eran molestadas abiertamente por los soldados blancos e incluso violadas enfrente de todo el lo quería ver, eran empleadas como cargadoras y mensajeras, y hasta a los niños pequeños se les ponía a trabajar mezclando la cal. Por supuesto, las cosas más importantes fueron las que atendieron primero. Los acueductos rotos fueron reparados y se pusieron los cimientos de lo que sería su iglesia catedral, enfrente de la cual se levantó el pilar de ajusticiamiento y la horca. Ésas fueron las primeras estructuras en funcionar en esta nueva Ciudad de México, pues se utilizaban con frecuencia para inspirarnos a hacer una labor más incesante y consciente. Aquellos que flojeaban en cualquier tarea eran estrangulados en la horca o se les grababa con fuego “prisioneros de guerra” en las mejillas y luego eran expuestos en el pilar para que los extranjeros les lanzaran piedras excrementos de caballo o eran azotados con los látigos de los capataces.

Fue entonces, “como ahora, cada año llegaban unos mil hombres blancos a la Nueva España, la mayoría con sus mujeres blancas, quienes se aposentaban dentro o alrededor de la región del lago, creando sus propias pequeñas Españas en las mejores tierras y apropiándose de nuestra gente más robusta como “prisioneros de guerra”, para trabajar en sus tierras. Todos los recién llegados consolidaron sus posiciones de hacendados de una manera tan firme y veloz que una insurrección en su contra era algo inconcebible. La Triple Alianza se había convertido irreparablemente en la Nueva España y según tengo entendido estaba funcionando tan bien como Cuba o cualquier otra colonia española, con su población indígena subyugada y resignada, aunque a simple vista se veía que no eran felices ni se sentían cómodos con ese vasallaje. Cortés parecía confiado de que sus oficiales y sus blancos por imitación eran capaces de mantener el orden. Él quería conquistar nuevas tierras, o para ser más preciso, quería ver más de cerca las tierras que ya consideraba como suyas”.

Mixtli decía con pena que en aquel momento en que murieron los Venerados Oradores Cuautémoc, Tetlapanquétzal y Cohuanácoch, “también murió lo que quedaba de la existencia de la Triple Alianza”.

Antes de morir, Mixtli fue confinado por los frailes españoles para que les relatara esta crónica. Antes de ser confinado, se consiguió ganar la vida vendiendo tapices de tela con el escudo de México. A los visitantes, a los colonizadores, les contaba que “la guerra constituía una gran parte de la historia de los mexica, lugar que jamás habían ocupado los reptiles”. Y concluía: “Escuchen y sepan. Cuando nuestra gente llegó por primera vez a este lugar, en la región del lago, aún éramos los azteca y nuestro dios Huitzilopochtli le indicó a nuestros sacerdotes buscar un lugar en donde se encontrara un nopali y sobre él un águila posada devorando a una serpiente…”

4 Respuestas a Cuando México fue azteca y El Único Mundo

  1. David dice:

    ¡Qué post más largo, Almu! Me lo leo mañana si puedo y te comento, que ahora tengo que rellenar una historia de un formulario.
    Un abrazo.

  2. Antonio dice:

    Hola, yo tambien ya lei la trilogia de Gary Jennings de Azteca, todos los libros estan escritos magistralmente y atrapan al lector. Pero no todos los datos historicos son ciertos. Por lo te pido que no te fies de todos los datos y cronicas que aparecen sin antes investigarlos en un libro de historia.

    Saludos

  3. will dice:

    Yo tambien he leido esas novelas y otras mas, pero eso es solo una narrativa, no se le puede considerar como un hecho consumado. Puede q el escritor narre de manera muy particular y muy fluido los tramos del méxico prehispánico. Lo q si he invetigado es que unió bastante bien lo que no fué escrito y lo que se narró del origen de los aztecas y la conquista de tenochtitlan. Puede q asi haya ocurrido, pero lo que si puedo decir es que el escritor de AZTECA se documentó bastante bien y puso su imaginación que quizas pudo haber sido asi la historia del mexico antiguo.

  4. Mitzy dice:

    Hola, yo sé que no todos los hechos en una novela historica se pueden considerar una verdad, no obstante a ello, soy mexicana y orgullosamente nacida en la antigua Tenochtltan, hoy ciudad de méxico, y solo sé que la Historia la cuenta los vencedores y pocas veces los vencidos, pero aun asi me quedo con la frase de Mixtli. Que aun habemos gente Mala Hierba deseosos de florecer en donde alguna vez, fue el Unico Mundo, donde alguna vez, hubo Honor, Fideldad y Valor. donde los hombres y mujeres color cobre tuvieron una hermosa vida llena de prosperidad e Historia. Donde nuestros dioses tuvieron magestuosos monumentos y no simples y llanos edificios con tanta hipocresía. Y apesar de tener tez blanca y ser mas alta de lo que alguna vez fueron mis antepasados. Siempre a mis descendientes les hablaré de lo grandes que fueron sus abuelos.

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