Entre el 29 de agosto y el 18 de septiembre de este año viajé a Kenya para vivir una experiencia de voluntariado en África. Chazon Children Centre, un colegio situado en Molo, en el Rift Valley es el lugar donde viví esta experiencia, que hasta ahora ha sido la mejor de mi vida.
Mi idea de África es la que sale por la televisión, que supongo que una/o, si no sale de su casa, y sólo ve la televisión es la idea que se puede hacer de determinados lugares del mundo o situaciones. Recuerdo que Elizabeth, la hermana de Lucy, directora de Chazon Children Centre, me preguntó un día por la mañana mientras esperábamos el matato (medio de transporte en Kenya) en su barrio para ir al centro de Nairobi que cómo me imaginaba las casas de África antes de viajar al continente. Le dije que me las imaginaba más o menos como las que vi en Nairobi. Como la suya y la de Patrik, hermano de Lucy. Pero no era cierto. Me imaginaba que eran casas sin agua, taza del water, lavabo y sin bañera todas ellas. Esa era la idea que tenía de África. La que sale por la televisión o la idea que yo me había hecho.
Salí del Aeropuerto del Prat, Barcelona, el 29 de agosto. Era domingo. Primero tenía que volar a El Cairo y después hacer transbordo allí hacia Nairobi. Mi avión salió con tres horas de retraso de Barcelona. A la capital egipcia llegué a las once de la noche, más o menos. Mi avión hacía una hora que se había ido, como es lógico. Me resolvieron la situación en el el aeropuerto de El Cairo y desde allí volé a Nairobi con Kenya Airways; no con Egiptair, que es con quien volé de Barcelona a El Cairo y con quien tenía que haber seguido volando hasta Nairobi.
En el avión hacia Nairobi me tocaron como compañeros de vuelo dos hombres de El Cairo. Uno de ellos se bajó en Khartoum (Sudan). El otro iba más allá de Kenya. El avión en el que viajé de El Cairo a Nairobi venía de no sé dónde de África. Su destino final no era Nairobi, como yo pensé. Era otro país, otra capital africana cuyo nombre no recuerdo. Tras tres horas de vuelo aterrizó en Khartoum, capital de El Sudan. Hasta entonces, los otros pasajeros tenían la piel entre blanca y negra, más o menos, o de color blanca pero no mucho. En Khartoum, definitivamente un chico de Holanda que conocí en El Cairo y yo éramos los blancos del avión. Me fascinaron los rasgos fuertes y bellos de los rostros de los hombres y las mujeres. Especialmente, de las mujeres. La mujer es muy importante en el continente africano. También me fascinó el olor dulce que desprenden las personas de África. Mi corazón estaba feliz. Después de Khartoum volamos hacia Nairobi. Cuando despegamos de Khartoom era el tercer despegue del día. Bueno, ya era otro día. Yo no podía dormir. Mi compañero de vuelo me contó que trabajaba como de viajante o algo así y que se pasaba el día volando y visitando ciudades de África. Cuando llegamos a Nairobi, ese avión iba hacia otro país, muy alejado de Kenya.
Aterrizamos en Nairobi. Miré por la ventanilla. Era de día. Me parecía que estábamos aterrizando en la Sabana Africana. Vi uno de esos árboles de la Sabana Africana que salen en las películas y documentales, que parece que están tiesos, con las ramas como disparadas.
Cuando me bajé del avión en Nairobi, fui por donde va caminando todo el mundo en esos casos. Hice la cola en inmigración o para los ciudadanos no africanos. Mientras hacía la cola con el pasaporte y el carnet de las vacunas que tanto me habían dicho en Barcelona que era obligatorio que llevase porque es obligatorio para entrar en Kenya, para demostrar que estás vacunado de la fiebre amarilla; y que finalmente no me pidieron; me di cuenta que todas las personas llevaban un papel que yo no llevaba. Así que tuve que dejar la cola e ir a buscar el papel y rellenarlo. Me faltaba el papel para rellenar para que me dieran el visado. Volví a la cola y finalmente llegué al mostrador. Allí me hicieron el visado, tras pagar 25 dólares. Creo que esa fue la cantidad. Pero no lo puedo asegurar. Lo que sí sé es que no sirve llevarlo en euros. El visado en Nairobi hay que llevarlo en dólares. No cogen euros, al menos no fue así entre agosto y septiembre de 2010. Me tomaron varias huellas, me hicieron alguna que otra pregunta acerca del motivo de mi viaje y poco más. Cuando dije que iba a hacer un voluntariado en Chazon Children Centre, el hombre del mostrador me dijo que conocía el centro.
Cuando me dieron el visado, fui a buscar mi mochila. Estaba perdida. Era de imaginar. Había volado con una compañía aérea diferente a la que me correspondía realmente.
Después de estos dos trámites: visado y buscar la mochila, miré por la puerta enorme de cristal, la puerta corredera que separa a los viajeros de las personas que van a buscar a éstos al aeropuerto. Quería ver si estaba allí Patrik. No lo había visto en mi vida, pero pensé que a lo mejor llevaba uno de esos carteles que ponen: “Almudena, Spain” o “Chazon Children Centre”. Pero no vi ningún cartel. Llamé por teléfono a Lucy, para avisarle lo que me había pasado, para que avisara a Patrik, su hermano, de que mi avión había llegado con retraso. Pensaba que Patrik llevaba tres horas en el aeropuerto esperándome y yo estaba muy preocupada por esa espera suya. Cuando intenté llamar a Lucy, esposa de Samuel y ambos dos directores de Chazon Children Centre, no pude localizarla. No tenía activado algo en mi teléfono para poder hacer llamadas en Kenya. Así que hablé con un chico que trabajaba en el aeropuerto y le expliqué mi historia. Entonces él llamó con su teléfono a Lucy. Ésta pensó que yo llegaría el día 30 por la noche. No me esperaban para la madrugada del día 29. Me esperaban para la madrugada del día 30. Yo les dije que realmente llegaba el día 30, porque ya era día 30, pero eran las cuatro de la mañana la hora a la que llegaba. Se hicieron un lío con eso y no estaba Patrik, su hermano, allí. Así que todo salió perfecto en ese sentido. El retraso del avión no estuvo mal, porque Patrik no hubiese estado tampoco a las cuatro de la mañana. Desde que salí de Barcelona con ese retraso de vuelo, toda mi preocupación era localizar a Lucy para que avisara a Patrik. Mi vuelo fue un vuelo lleno de nervios por la preocupación del retraso y porque sabía que al cambiarme de compañía aérea en El Cairo, la mochila se iba a extraviar. Pero cuando hablé con Lucy, me dijo que Patrik iría enseguida a buscarme. Leer el resto de esta entrada »


Escrito por Prensa humanitaria 



