Aventuras de mi GR-11. Transpirenaica.

junio 29, 2016

Hace mucho que no escribo aquí. Lo cierto es que si no tengo algo qué decir; escribir por escribir me parece poco auténtico.

En su momento relaté aquí toda la experiencia de la travesía pirenaica por Euskal Herria. El GR-11 por Euskal Herria transcurre en su mayor parte por Navarra, pero hay 20 kilómetros por Euskadi; por eso digo Euskal Herria. Todo lo vivido allí está aquí relatado. Me propuse seguir narrando la aventura por los Pirineos (yo pongo esta palabra con mayúsculas), pero me da pereza transcribir todo lo que relaté en su momento en papel. Es algo que tengo pendiente hacer. Son muchas las aventuras que he tenido por los Pirineos desde que inicié la travesía en 2012.

En esta ocasión, pego un buen salto en lo que al orden de la narración se refiere y ahora que sólo me quedan cinco etapas para ver el sueño cumplido, me apetece narrar tres etapas que he hecho en tres días. Las etapas que he realizado han sido de Camprodón a Albanyà. Leer el resto de esta entrada »


Mi GR-11 por Euskal Herria

enero 6, 2013

 Hace casi tres  meses que volví del pirineo. Estuve haciendo la transpirenaica; también conocida como Travesía Pirenaica. Se trata del GR-11. Un sendero de gran recorrido que cruza todos los pirineos de la península desde Euskadi hasta Catalunya o al revés. Según donde decida empezar o terminarlo cada uno. Se puede empezar en Cap de Creus (Cadaqués, provincia de Girona) y terminarlo en Cabo Higer (Hondarribia, provincia de Guipuzkoa). Yo la empecé en Cabo Higer y llegué hasta Bielsa. Aunque realmente, mi transpirenaica del año pasado terminó en el Refugio de Góriz, pero eso lo contaré más tarde. Digo del “año pasado”, porque este año la acabaré. Para hacer la travesía entera se necesita un mes como mínimo y eso metiéndose mucha caña. Normalmente se necesitan unos cuarenta o cincuenta días. Hay quien necesita menos, porque son unos piratas de montaña. Aunque yo también me considero una pirata de montaña, después de hacer todo lo que hice y tan sólo fue un poco menos de casi la mitad del recorrido. Yo no caminaba cada día. De hecho, descansé ocho días en total durante todo el recorrido y algún que otro día que dividí alguna etapa. Pero digamos que en un mes, sin descansar ningún día, se puede hacer mucho más de la mitad.

Antes de iniciar la travesía me llovieron comentarios de todo tipo y procedentes de todas partes. Que qué locura, que para eso se necesitaba mucha experiencia, que no era como el Camino de Santiago, que los pirineos es otra cosa, que no estaba preparada para semejante viaje. Etece, etece. Hay algo más importante que la experiencia y es la motivación y esta última me sobraba. La motivación mueve montañas y nunca mejor dicho. Cuando sabes lo que quieres hacer y esa idea pasa por tu cabeza como una película y te hace ilusión realmente; simplemente lo haces. Y ante ese tipo de decisiones siempre va a haber alguien que te va a intentar desmotivar o atemorizar porque sencillamente eso que tú vas a hacer no le interesa lo más mínimo o no lo suficiente como para arriesgarse. No te ven capaz porque ellos no se ven capaces, porque falta lo más importante de todo y se trata que para hacer lo que sea que quieras hacer te tiene que mover algo muy grande. Tras regresar de mi viaje y contar lo que había hecho, me preguntaban que con quién había ido. Cuando dije que con nadie, que la había hecho yo sola, aunque no siempre estuve sola, la expectación aumentaba más todavía. Y una de las frases que más me dijeron es que había sido imprudente porque se corre un riesgo yendo sola/a la montaña. A lo que yo respondí que de imprudente nada, porque cuidé mucho de mi y de mis pasos y porque yo ya sabía que iba sola y era una decisión mía y por lo tanto mi responsabilidad. Ante el comentario de que corría un riesgo yendo sola; es cierto. Me alegra saber que en eso y en otras cosas corro riesgos, ya que en mi día a día no corro ninguno y la monotonía me parece mucho más arriesgada porque corres el riesgo de morirte por no haber hecho lo que querías hacer por lo que los demás te decían. Sí. Es cierto. Te puede pasar algo en la montaña si vas sola/o y te expones a pasarlo mal hasta que te vayan a buscar. Pero yo quería hacer la transpirenaica sola y si hubiese pensado mucho en todas las cosas que me podrían pasar; simplemente no lo hubiera hecho. Y yo no podía correr ese riesgo, porque eso sí que es arriesgado.

Como decía antes, me dijeron muchas cosas desalentadoras antes de iniciar mi viaje, pero también me dieron una serie de consejos, que algunos de ellos no seguí y de los que después me acordé. Y tenían que ver con la preparación de la mochila o de la ropa que llevara puesta. O de cosas que tenía que preveer con antelación, como el parte metereológico o cosas que tenía que llevar y no había previsto.

Ante todo quiero dejar claro, aunque ya lo he dicho antes, que para hacer este viaje se necesitan ganas. No se necesita una preparación previa  fuera del otro mundo. Antes de emprender esta aventura yo había ido cinco días contados a la montaña en todo el año y fueron excursiones de nivel medio/bajo en todo momento. Camino una media de una hora diaria por Barcelona y esto no sucede de manera continuada. Y gracias a que donde vivo no hay ascensor, subir y bajar las escaleras del edificio, se ha convertido en un buen ejercicio diario también. Al final nada sucede por casualidad. Yo ya había decidido que iba a hacer la transpirenaica antes de buscar el lugar en el que vivo desde hace un año. Bien, como ya he dicho antes, para hacer este viaje lo más importante es la motivación porque durante la travesía hay momentos duros. Yo no tenía una gran preparación y las etapas de Euskadi (aunque realmente son 21 kilómetros de la parte de Euskadi. Pronto se entra en Navarra si partes de Cabo Higer) y Navarra son asequibles para alguien con poca preparación en montaña. Pero Aragón no. Aragón es alta montaña. En Aragón se asciende a más de 2000 metros. En Andorra y Catalunya también se asciende a esas altitudes y más, pero no durante todo su recorrido; al menos en este último caso. De todas formas yo no llegué a Andorra y Catalunya. Eso ocurrirá este año. Aunque mi preparación en alta montaña era escasísima; ascendí a 2.765 e hice cosas durísimas. Aunque ésta última fue lo más duro que hice en los pirineos; no es la etapa estrella por así decirlo. Justo cuando me tocaba hacer la etapa madre de las madres; lo dejé. Pero esto ya lo contaré más adelante. Quería dejar claro que por muy escasa que sea la preparación en alta montaña, si la motivación es fuerte; se hace.

 

PREPARACIÓN DE LA MOCHILA

 

He empezado diciendo aquí que me hicieron comentarios desalentadores antes de iniciar mi aventura, pero no sería justo si no reconociera también que en otras cosas no se equivocaron, por muy duros que fuesen diciéndomelas.

Antes de iniciar esta aventura hay que preparar bien la mochila. Para empezar la mochila tiene que ser de montaña. Yo no llevaba una mochila de montaña. Era una mochila de viaje, sin más. Una mochila con la que he hecho otros viajes, pero no de montaña. Me debió costar unos 30 euros. Una mochila de montaña cuesta 80 euros. Después de vivir lo que viví, tengo que decir que es una buena inversión. Si eres una persona poco consumista y tu pasión es la montaña, más vale que te gastes el dinero que no te gastas en ropa u otras cosas en una mochila como Dios manda para la montaña. Mi mochila no era para la montaña y ahora entiendo que lo pasara tan mal y que las personas que conocí durante la travesía hicieran lo imposible por estudiar mi mochila para tratar de averiguar por qué yo no iba como ellos. Una mochila de montaña hace que la parte de los hombros se eleve y que cuando camines, veas el trasero. Mi mochila se caía. A mi no se me veía el culo caminando. La parte de la cintura también se eleva y por eso se ve el trasero. Esto del trasero, de que veas el trasero al que camina indica que sus hombros van descansados. En la transpirenaica había quien llevaba 20 kilos encima y no padecían como yo, que llevaba menos de 10. Yo, cada hora o cada dos, tenía que quitármela para descansar de ella. Al principio no me importaba, pero cuando se acumulaban los días, estaba de ella hasta la chingada. Incluso la trataba mal. Me la quitaba y la lanzaba porque no podía con ella. Puede parecer exagerado, pero fue lo que viví. Quitarle los botones esos de ajustar mochilas y lanzarla al aire hasta que caía se convirtió en un ritual que sucedía a las dos horas de caminar. Menos en las subidas fuertes, que era cuando no me dolían los hombros, cuando caminaba plano no la aguantaba mucho rato sin quitármela. Las mochilas de montaña tienen un material en la parte de atrás que es transpirable. Llevan incluída la funda para la lluvia. Aunque las mochilas de viaje de 30 euros ahora ya la llevan también. Cuando yo me la compré en su momento, no la llevaban. Bueno, si alguien contempla hacer una travesía larga durante muchos días y no tiene una mochila de montaña, sino de otro tipo, y no se puede permitir gastarse esa pasta; la puede hacer igualmente. Yo la hice. Pero que sepa que las otras le facilitarán la vida mucho más. O bastante más de lo que me la facilitó a mi. Digamos que a mi la mochila me hizo la vida imposible. Y lo digo así de claro. No me amargó la travesía y la experiencia en si superó este imprevisto y otras pequeñas cosas, pero para mi eso fue lo peor de todo. El dolor de hombros era como si tuviera tendinitis. Me recorría el brazo y todo. Te pueden doler los hombros igualmente, sobretodo al principio, pero no es normal que te duelan todo el rato y cada día o de manera insoportable.

Mi mochila pesaba seis kilos y medio cuando salí de casa, sin contar el peso del agua y la comida. Al final pesaba entre ocho y diez. Sin contar el peso de las botas, de los palos para caminar o bastones, y la ropa que llevaba puesta. Al final todo pesa. Así que lo recomendable es que pese diez kilos como mucho tu mochila. El peso de la mochila tiene que ser de cierto porcentaje con respecto a lo que pesa tu cuerpo. En mi caso diez kilos ya era lo máximo que podía llevar. Conocí personas que sus mochilas pesaban quince o veinte kilos. Llevaban la tienda encima, el hornillo y comida para un mes. Decían que les dolían los hombros los primeros días pero luego ya no. Llevaban mochilas de montaña.

Lo que realmente es importante de llevar: Las botas de caminar por la montaña. Botas de trekking o botas de montaña. Una botella para el agua de esas de deporte. La mía era de medio litro. Las hay de litro y medio y de dos. Si la travesía tenía mucho desnivel bebía dos litros diarios. Hay acceso al agua potable a veces. A veces podía rellenar la botella. Otras no. En esos casos, la recogía del río cuando ya estaba muy desesperada, que a eso sí que tenía acceso a menudo. Aunque intentaba no beber mucha para no jugármela y afortunadamente para mi no me pasó nada. Las vacas y otros animales beben de allí. Así que mi recomendación es que llevéis dos litros diarios. El saco de dormir. Si es de invierno mejor por si te toca dormir al raso o en tienda de campaña. En los refugios hay mantas, pero a veces no abrigan como el saco. Otro material importante aunque no tan imprescindible como las botas y el agua, pero sí muy importante es el chubasquero. Una capa de esas que cubren buena parte del cuerpo. Lo cierto es que se agradece cuando llueve con ganas. Durante mi travesía me pilló lloviendo con ganas una vez. Las demás veces era una lluvia suave. Y otras veces llovió a mares y durante una noche entera, pero yo ya estaba en el refugio. Por orden de prioridad pondría el botiquín en cuarto lugar. En el botiquín no deberían faltar las pastillas para la diarrea, aguja e hijo y algo de alcohol para desinfectar la aguja por si te salen ampollas. Para no llevar la botella de alcohol, bastará con un recipiente pequeño donde poner un poco de alcohol (yo llevé un tubo de esos pequeños donde ponen las muestras de colonia), betadine o algo similar, gasas, esparadrapo, tijeras, tiritas, algún antitérmico (o algo así para la fiebre y el dolor de cabeza). Esto sería más o menos lo importante. A partir de aquí, pues depende del peso que lleves puede venir bien algo para las picaduras de mosquito, los sticks esos que venden en las farmacias para que no te salgan ampollas. Van realmente bien, pero tampoco es algo imprescindible en el botiquín. Las pastillas potabilizadoras del agua, pero esto tampoco es imprescindible si recoges el agua en los refugios, si llevas los dos litros antes de salir o si has previsto que esa ruta tenga puntos de agua. Si te toca a menudo recoger agua del río, entonces sí que son imprescindible las pastillas potabilizadoras del agua. Yo fui a comprarlas a última hora antes de salir de Barcelona. En las farmacias no las encontré. Coronel Tapioca las vende y cuando yo fui ya no les quedaban. Así que entendí que no las tenía que llevar, porque si Coronel Tapioca no las tiene, no conozco muchos sitos donde las vendan. La crema protectora de los rayos UVA, pues supongo que también es un imprescindible en el botiquín por todo lo que dicen los dermatólogos. El caso es que en esto discrepo y te da tanto el sol y te pones tan morena/o caminando y de una forma tan sana que no sé hasta que punto es tan malo que no te pongas crema. De hecho a mi a menudo me escocían los ojos cuando corría el sudor por mi rostro. Y lo que escocía era la crema. Y además, yo siempre llegaba con la cara roja como una gamba y me había echado crema de 50 de protección. Pero bueno, que sí, que sería recomendable llevarla. Sobre si es un imprescindible o no; no lo sé. Seguramente me olvido de algo, pero de momento no se me ocurre nada más. Yo llevaba ibuprofeno y fue un estorbo. Cuando llegaba al refugio veía a alguna que otra persona haciendo estiramientos después de caminar. Cuando voy a la montaña también veo a las personas hacer estiramientos. Un día me dijeron que es para no tener agujetas. Es cierto. Reduce considerablemente las agujetas hacer estiramientos después de caminar. No hace falta matarse a hacerlos. Tres o cuatro ya valen. Un día me tomé un ibuprofeno porque me dolía todo y no me podía dormir de lo que me dolían los pies y no me hizo nada. Así que no voy promover el famoso medicamento. Pero eso ya es cada una/o. Algo que sí recomiendo y que va bien es la pomada o el aceite de árnica. Es para los dolores musculares. Eso es algo que me dieron en alguna ocasión y que sí me fue bien.

Otro material de los necesarios es una luz frontal por si te pilla la noche caminando o empiezas a caminar antes de que amanezca. La funda impermeable de la mochila, si la tuya no la tiene, también es necesaria. Asegura que la ropa que llevas en la mochila llegue seca si te ha pillado la lluvia. Algo para el cuello. Un pañuelo o una braga de esas para proteger la garganta cuando hace frío o viento o baja temperatura. Para no llevar paquetes de pañuelos de papel es más útil el pañuelo de tela de toda la vida. Una navaja pequeña también va bien. Yo no la llevaba pero me compré una en Baños de Panticosa y fue una buena y barata inversión. Un silbato. Esto es algo que me recomendó una amiga que conocí durante la travesía. En caso de accidente o por si vas con alguien y te pierdes; es algo que va bien.

En cuanto a la ropa realmente sólo necesité lo que llevaba puesto, una camiseta y unas mallas. Más tres prendas de ropa interior. La ropa interior llevaba como tres de cada cosa. Llevé cinco pares de calcetines y hubiesen bastado con tres. Lavaba cada día en los refugios, albergues, camping, etece. Lo que no se secaba lo llevaba colgando en la mochila y se secaba durante el camino. Unas veces costaba más que otras que se secara. Dependía de la humedad que hiciera. Yo llevaba dos mayas y dos camisetas en la mochila. Hubiese bastado con una maya y una camiseta, porque después de caminar y de ducharme en el refugio, lo que me ponía después era lo mismo con lo que me iba a dormir. Así que yo tenía dos uniformes. El de caminar y el de después de caminar. Las otras mayas y la otra camiseta no hubiesen sido necesarias. Esto también es cuestión de cada cual y el peso que vaya sumando cada una/o cuando está haciendo la mochila. Una toalla de esas que no pesan y se secan rápido que está hecho con un material parecido al de la ropa técnica que llaman. Un jersey de abrigo para estar en el refugio y un cortavientos o algo que abrigue un poco para el anochecer y el amanecer o para cuando asciendes mucho y llegas a un sitio que hace frío. Es una prenda que sólo se necesita en momentos puntuales. No es necesario llevar un plumón de esos ni mucho menos, ni un anorack como el muñeco ese de los neumáticos. Pero un jersey de abrigo sí. Realmente lo más práctico y útil es llevar una camiseta de tirantes, o de manga corta, una camiseta térmica de manga larga y un forro polar. Todo ello es ropa técnica o así la llaman. Es ropa de deporte o de montaña. Lo que hace este tipo de ropa es que aunque sudas igualmente, las prendas no se empapan. Si llegas a un collado no te congelarás de frío por llevar la ropa de algodón empapada de sudor. Y un cortavientos que abriga un poco pero no es un anorack. Yo no iba así. Son recomendaciones que me dieron antes de partir y por no gastarme dinero; no lo hice. Yo llevaba todo de algodón. Llevaba un jersey con capucha de algodón y las camisetas de tirantes eran de algodón. Llegaba a los collados empapada y sí tenía frío. Eso por un día o dos no pasa nada. Pero cuando es cada día durante muchos días, no es una buena idea. Tuve la suerte de no acatarrarme ni de padecer de la garganta ni nada, porque creo que me alumbró el cielo. Porque lo cierto es que iba muy mal preparada. Ni siquiera llevaba algo para protegerme el cuello. Conocí a una chica de Italia, un todo terreno de la montaña que me dio un pañuelo para el cuello. Me dijo que hay que llevar siempre una navaja y me habló de la famosa ropa técnica. Aparte de que fue la primera persona que descubrió que a mi me mochila le pasaba algo. También llevaba una cazadora de entretiempo nada transpirable, que me abrigó pero no era cortavientos ni nada de eso y que llegó súper guarra a Barcelona cuando terminé mi aventura, aunque esto tampoco es importante. Sinceramente llevaba la prenda hecha un asco, pero no es una cosa por la que una/o deba padecer ante una aventura de semejante magnitud. La única prenda que me compré antes de partir y que fue una muy buena compra y que sí me recomendaron fueron unos pantalones que llevan una cremallera un poco por encima de la rodilla. Se convierten en pantalones cortos si quieres. Se secan muy rápido. Se mojaron en cientos de ocasiones por atravesar ríos y por la lluvia y era lo primero en secarse. En alguna ocasión lavé el trozo que sobra después de quitar las cremalleras esas de las que hablo y se secó incluso en lugares donde había mucha humedad y no estaban al aire libre. Así que lo de la ropa técnica es algo recomendable. Yo no iba así pero es algo que he aprendido después. Algo sobre lo que me previnieron y no quise escuchar y algo que aunque supone gastarse un dinero es muy útil y práctico. Incluso es un tema de salud porque se seca muy rápido o echa el sudor fuera. Y puedo asegurar que tras una fuerte ascensión o un fuerte descenso, cuando sopla el viento y estás a más de 2000 metros de altitud o cuando está anocheciendo y baja la temperatura y estoy hablando que ya no es julio ni agosto, sino septiembre u octubre; como vayas con prenda de algodón, un día tras otro así; o vas muy fuerte de defensas o tienes todos los puntos para acatarrarte. Si a la mochila quieres añadir un jersey o algo para no tener frío en el refugio, pues es algo a sumar a la mochila. Yo sí lo llevaba. Había quién llevaba el mismo forro polar con el que había estado caminando, que también sirve. Y mucho. Porque eso sí que abriga.

A todo esto hay que sumar el gel en miniatura o en un bote, cepillo de dientes y pasta de dientes en miniatura, peine o cepillo pequeño. Champú o un dos en uno de esos. Y también en un bote. Nada de llevarse el bote de champú. Nada de llevarse crema del cuerpo. No es un pase de modelos. Es la Transpirenaica. Ni acondicionador ni historias. Yo pasé de todo eso, pero en esto no me voy a meter. Es un suma y sigue inútil y un incordio. También hay que sumar la cámara de fotos o el móvil o ambos. Depende de si puedes pasar tus fotos al ordenador con tu móvil o no. O depende de ti, directamente. Linterna no hace falta. Ya llevas el frontal. Y si la necesitas en el refugio porque te levantas antes que nadie o porque quieres ir al baño y está todo a oscuras o porque el baño está fuera del refugio, como en el Refugio de Góriz; ese frontal hace de linterna. Otra de las cosas que me recomendaron fueron unos bastones de esos para caminar. Me pareció un gasto inútil, pero al final me los compré. Se me olvidaron en casa antes de salir. En Navarra caminé sin palos. En alguna subida cogí alguno de la montaña. Cuando me quedaba una etapa para entrar en Aragón conocí a Valeria, una chica de Italia, con la que caminé durante cinco días. Cuando salimos del albergue para tomar el GR hacia Zuriza, que ya es Aragón, vimos unos palos de esos que hay por el campo apoyados en un punto de información del GR que te pone un mapa de la ruta y te dice donde estás. Valeria los cogió y me los dio. Lo cierto es que Valeria fue una especie de ángel de la guarda. Fue una especie de madre de las montañas. Fue quién inspeccionó mi mochila extrañada de que llevando todo ajustado no la llevara como ella, con esa elevación de la que he hablado al principio. Fue quien me dio el pañuelo para la garganta. Fue quien me dio el pañuelo de tela para los mocos. Me dio un mechero. Bueno. Me dio un montón de cosas. Yo no quería el mechero porque le dije que no fumo y que no llevaba hornillo y me dijo que nunca se sabe lo que puede pasar en la montaña y si lo voy a necesitar o no. Lo cierto es que en Navarra no necesité los palos para caminar, pero en Aragón sí. Por esos fuertes ascensos y fuertes descensos. Es cierto que el cuerpo descarga parte del peso al apoyarse y que son muy útiles en las subidas y bajadas. También es cierto que cuando se trata de trepar, y en Aragón hay que trepar a menudo, son un incordio. Pero son momentos puntuales. Normalmente se agradece llevar palos. Yo hice toda la transpirenaica del recorrido que hice de de la parte de Aragón con esos palos. Los bastones hubiesen sido mejores porque en algún momento que el terreno estaba helado, los palos resbalaban. Y resbalaba en piedra mojada. Los famosos bastones esos que muchas personas llevan en la montaña están preparados para eso. Total; que si no tienes saco, ni bastones, ni forro polar, ni mochila de montaña, etece, etece, pues es una inversión de golpe y porrazo de una serie de euros. Y si llevas crampones, que también lo recomiendo, pues suma más euros. Si lo puedes comprar todo ello de golpe; estupendo. Si te gusta la montaña y vas a menudo y quieres hacer esta larga travesía u otras, sí que recomiendo ir comprando ese tipo de materiales, porque es una cuestión práctica, de salud y de seguridad. Yo no iba así y por eso lo digo. Menos el saco, iba fatal en este tipo de cosas. Tampoco es que fuera fatal, fatal; pero podría haber ido mejor de lo que fui. Y este tipo de advertencias sí me las hicieron. Así como discrepo y sigo discrepando de la famosa frase: “No se puede ir solo/a a la montaña”; no voy a rebatir las recomendaciones en ropa técnica y accesorios de montaña. Cuando llegaba a los refugios pensaba que todo el mundo iba con la misma ropa. Que hasta en semejante paraíso natural todas o casi todas las personas vestían igual. Y ahora me tengo que morder la lengua y ya entiendo a qué se debe. También me recomendaron una esterilla o una colchoneta que se infla enseguida y que pesa muy poco. Me compré la esterilla y también se me olvidó en casa. Sí. Es algo que recomiendo. Si te toca dormir al raso o en tienda, lo agradecerás. Un día dormí en el suelo de cemento tal cual y con el saco y no sé si dormí o no. Quizá en algún momento, pero pasé una mala noche. Aunque por una vez no pasa nada. Con una esterilla, la cosa cambia. Y si ya llevas la colchoneta, pues ya flipas, supongo. También es cierto que hay cientos de bosques con hojas con pinta de mulliditos. El día que dormí en la ermita contemplé esa opción, pero llovía a mares. De todas formas la esterilla y la famosa colchoneta no son imprescindibles a no ser que decidas dormir cada día en tienda o al raso. Si no llevas tienda y has optado por una transpirenaica pernoctando en refugios y demás sitios habidos y por haber para pasar la noche, no vas a necesitar ni la esterilla, ni la famosa colchoneta.

Para informarse sobre las rutas existen muchas páginas en Internet. Travesía Pirenaica informa muy bien. La última edición de la Editorial Prames también explica cómo es cada etapa. Sus desniveles, el tiempo de duración de cada etapa, las variantes de alguna etapa, las dificultades, el tipo de terreno. Incluye mapas. Estos últimos también me los recomendaron y yo no los entiendo. Sólo me servían para hacerme una idea de cómo era el desnivel. Buena parte de esos mapas se los di a Valeria antes de separarnos. Ella sí los entendía. Lo que más me sirvió de todas las recomendaciones que me dieron fueron los dos litros de agua, la funda de la mochila para la lluvia y la luz de la frente para las veces que me alcanzó la noche o cuando estaba en el albergue y tenía que levantarme en medio de la noche para ir al lavabo y no quería encender la luz para no despertar a los cuarenta y la madre que dormíamos en los refugios. El tema del agua es vital. No siempre hay acceso a las fuentes o puntos de agua y se pasa muy mal sin ella. Se puede caminar sin comer durante horas, pero no se puede caminar sin agua. Las pastillas potabilizadoras del agua van bien. Yo no las encontré. A veces recogí agua del río cuando estaba muy desesperada o le había pedido agua a algún senderista. Tras un par de veces o tres que lo pasé mal por haber llevado menos agua de los dos litros, ya no volví a salir del refugio o el lugar que fuese para pernoctar sin los dos litros de agua diarios.

 

ETAPAS

 

Senda Pirenaica por Euskal Herria

 

El día 11 de septiembre salí de Barcelona con destino Irún. El viaje en tren fue de unas seis horas. En Irún cogí un autobús hasta Hondarribia que me dejó a un kilómetro y medio del camping Faro de Higer. El camping me costó 10 euros. Dormí sola en una habitación con literas varias. Yo no llevaba tienda. Las hay que pesan un kilo. En el camping hay un bar y a unos escasos metros, un restaurante. Ese día lo pasé en el camping. Fui hasta el faro y me acerqué al acantilado para ver el mar por última vez durante un mes. Me adentraba en los pirineos. Pensé que no lo vería de nuevo hasta llegar a Cap de Creus. Me hacía ilusión saber que partía de un mar y llegaría a otro cruzando los pirineos. Sabía de sobra que eso no se produciría en esa ocasión. Que tendría que esperar dos años más. Después de dar vueltas por el camping y alrededores y de haber comido algo, me fui a la habitación a leer la guía. Al día siguiente empezaba la travesía. Miraba las etapas del libro y calculé que dentro de un mes, que era el tiempo del que disponía, estaría en Andorra. Cosa que no fue así.

 

 

 

Etapa 1 Cabo Higer-Bera de Bidasoa

 

Al día siguiente día 12 de octubre empecé la travesía. Salí del camping como a los ocho y media de la mañana o una cosa así. Fui hasta el faro, que está nada más salir del camping y allí vi las marcas del GR-11. Empecé a descender bordeando el mar. Veía varios sitios con paneles informativos sobre el cabo y Hondarribia. Contaba que fue zona de piratas y de guerras y de tráfico de mercancías. Me acordé de un guía de montaña de Barcelona que cuando le dije que iba a hacer la transpirenaica me dijo que la transpirenaica “es cosa seria. Es una hazaña. Es de piratas”. Y sonreí pensando que yo era una pirata también. Sí. La transpirenaica es de piratas. De piratas de montaña. En Hondarribia llegué hasta la playa. Llegada a este punto crucé hasta Irún como pude. La guía da una serie de indicaciones. Yo llegué sin seguir lo que decía la guía. En esta parte no está marcado el GR-11 y se tarda bastante en volver a ver las marcas. Seguí caminando y llegué a Irún. Ya había estado allí el día anterior y si hubiese salido desde allí me hubiese ahorrado siete kilómetros de trayecto, pero quise hacerla íntegra. Fui hasta el Paseo Colón y luego hasta la Avenida de Navarra. Una vez allí seguí la indicación hasta la Ermita de Sant Martzial. Subí una cuesta, la primera cuesta de la travesía. Llegué al cementerio y dudaba si ir por una carretera que iba al lado del cementerio o por otra donde había un panel informativo sobre Irún. Opté por esta segunda opción y fui a parar a diferentes barrios de Irún. Descubrí que por ahí no era. Acababa de empezar el viaje y ya me estaba perdiendo. Di la vuelta y volví al mismo punto. Volví a subir la cuesta de nuevo hasta el cementerio y me resguardé debajo de una parada de autobús porque empezó a llover fuerte y hacía viento. Al cabo de un rato seguía lloviendo, pero igualmente decidí seguir. Llegué a la Ermita de Sant Martzial. Ya eran como las tres de la tarde cuando llegué allí. En Irún perdí mucho tiempo. Todavía me quedaban como veinte kilómetros por delante. Sabía que pasaría la noche en algún sitio al aire libre en el bosque. Sabía que había una ermita más adelante. La Ermita de San Antón. También existía la posibilidad de llegar de noche a Bera de Bidasoa, pero también sabía que iba a estar hecha polvo para entonces. De la Ermita de Sant Martzial hasta la Presa de San Antón son unos once kilómetros. Poco antes de llegar a la presa se empiezan a ver las marcas del GR-11. Llegué allí a las siete de la tarde. En Irún perdí unas tres horas. Cuando llegué a la presa se puso a llover. Justo en esa presa es la frontera entre Euskadi y Nafarroa. Eso decía la guía. A la altura del km 21 vi una indicación del GR-11 en una piedra. Es una marca que enlaza con otro camino: el PR-NA 11. En la piedra había una flecha de color amarillo. Como yo sabía que las marcas del GR-11 son blancas y rojas, la flecha de color amarillo me confundió. Así que continué por la carretera hacia arriba. En dirección a Lesaka. Después de un buen rato caminando, llovía cada vez con mayor intensidad. No veía las marcas del GR-11 y supe que por ahí no era. Si después de unos doscientos metros no hay marcas del GR-11 es que te has confundido de camino. Al cabo de un rato pasó un coche. Lo paré y les pregunté por dónde se iba por ahí. Me dijeron que la carretera iba hacia Lesaka y que por ahí se llegaba a Bera de Bidasoa, pero que tardaría mucho. Me ofrecieron llevarme hasta la Ermita de San Antón; así que me subí al coche y me llevaron justo a la marca que yo me había pasado de largo. Esa donde estaba la flecha amarilla. Me recomendaron que pasara la noche en la ermita. Ya era de noche y llovía. Y bien, eso hice. Así que lo mejor fue perderme, porque si hubiese cogido el camino correcto, me hubiese pillado la noche y la lluvia y ningún sitio donde resguardarme. Dormí en el suelo. Me acordé de la esterilla que me había olvidado en Barcelona. Pensé en varios momentos en irme al césped, pero no era una buena idea. No dormí prácticamente. Puede que conciliara el sueño en algún momento, pero muy poco. Me desperté antes de que amaneciera y seguía lloviendo. Cuando amaneció recogí todo y salí de la ermita rumbo a Bera de Bidasoa. En la ermita había una fuente, pero ponía que el agua venía de la presa y que no era potable. Camino hacia Bera de Bidasoa encontré un tubo por el que salía agua y la recogí, pero era bastante marrón, así que lo dejé por imposible. En algún momento recuerdo que la pude recoger de la que caía de un tejado, que supongo que no estaba muy limpia, pero ya me daba igual. Llegué a Bera de Bidasoa a las doce del mediodía. El bocadillo de chistorra que me comí y la cerveza que me bebí es el mejor recuerdo que tengo de Bera. De hecho, se ha convertido en un gran recuerdo. Muchos más bocadillos de chistorra me he comido en Navarra, pero el primero y tras la experiencia de la paliza que me había pegado el día anterior y tras dormir en el suelo, el bocadillo de chistorra fue como entrar en el paraíso. Me lo comí en el Hostal Euskalduna. En el hostal no había habitaciones, aunque se llamara hostal y me recomendaron una casa rural que había por allí cerca. Subí una cuesta y allí me hospedé. Casa Romano. La señora de la casa me dijo que todos los que hacíamos el GR-11 llegábamos tan cansados que no teníamos ganas de dar una vuelta por Bera para conocer la historia del lugar. Al final sí que me di un pequeño paseo por el pueblo, por la iglesia y alrededores. Me enteré de que allí había vivido Pío Baroja y que había habido guerras carlistas con Francia. Había muchas casas donde habían vivido personajes ilustres.

 

Etapa 2 Bera de Bidasoa-Elizondo

 

Salí de Bera de Bidasoa el día 14 de septiembre. Caminé hacia Elizondo. Esta etapa fue la más larga que hice en todo el GR. En un principio la iba a dividir en dos y dormir en algún sitio en el bosque. Al final lo hice en un día. Fue un palizón de unos 35 kilómetros. En las guías pone un determinado número de kilómetros que no se corresponde con lo que he hablado con otras personas que hicieron el GR, ni con lo que decían en Elizondo cuando llegué. Durante el trayecto me despisté en algún momento, pero como me daba cuenta enseguida, retomaba el camino de nuevo. El GR-11 está muy bien señalizado. Cuando existen dos caminos posibles a tomar, en uno de ellos suele aparecer una cruz en blanco y rojo que indica que por ahí no es. Dos rayas horizontales blancas y rojas indica que por ahí sí es.

En esta etapa, a la altura del kilómetro 19 hay un caserío: “Casa Rural Eskisaroi”. Lo recuerdo perfectamente porque bajé hasta allí para recoger agua. El caserío estaba cerrado. Hacía rato que me había quedado sin agua y tenía todavía varios kilómetros por delante. Había calculado mal de nuevo la cantidad de agua a llevar. Me volví a acordar de lo que me advirtieron antes de salir de Barcelona: que debería llevar dos litros para cada día. Lo que descendí para ir al caserío, lo tuve que ascender. No sólo tuve que ascender por esa cuesta sin una gota de agua ya, sino otra más tras esa. Del Collado de Eskisaroi subí hasta llegar al Collado de Iñaberri. La subida fue fuerte e intensa. Recuerdo que cada dos por tres me paraba; me quitaba la mochila y la lanzaba hasta que caía en el suelo. Después me tumbaba. Descubrí que la sed se calmaba si me tumbaba y descansaba. Al llegar arriba del todo me senté en una piedra y me encontré con un chico y una chica la mar de encantadores que estaban haciendo un par de etapas del GR en el otro sentido. Me informaron de lo que me quedaba hasta Elizondo y yo les informé de lo que les quedaba a ellos hasta Bera. La conversación se centró en el tema subidas y bajadas o si caminar todo recto. Y en el agua. En tema fuentes y acceso al agua. Se pusieron muy contentos cuando les dije que como yo había subido una pedazo cuesta, ellos la iban a bajar. También yo me alegré de saber que a mi me tocaba descender. Me despedí de ellos y seguí mi ruta. Me encontré con unos ciclistas a los que pedí un poco de agua. Me dieron un poco de aquarius. Recuerdo que vi aparecer a un ciclista y le pregunté: “¿Tienes agua?”. Y me contestó: “Sí. Lo que quieras, pero quítate de ahí que ahora van a bajar por ahí un montón de personas en bicicleta a toda pastilla”. Y bien. Me aparté. Me imaginé todo un pelotón bajando como locos y ni lo uno, ni lo otro. “¿Te has quedado sin agua?” Me preguntó el que me dio un poco de aquarius. “Sí”, respondí yo sintiéndome la mar de culpable. Ya era la segunda vez que me pasaba eso. Después de ese encuentro, me confundí de camino. Me encontré con un hombre que estaba buscando setas al que le pregunté si por ahí se iba hacia Elizondo y me dijo que no. Que por ahí se iba a Orbaizeta. Tenía un acento euskaldun de la leche. Le ponía muchas tz a las palabras. Me encantó escuchar de nuevo, después de tanto tiempo, esa manera de hablar. Se notaba que se expresaba normalmente en euskera. Cuando volví al camino correcto de nuevo, fui caminando hacia un caserío por el que tenía que pasar. La encantadora pareja que me había encontrado hacía unos kilómetros atrás me dijo que había una borda en el suelo de ese caserío y que allí había agua. No encontré la borda. Tampoco sé si estuve en el caserío del que ellos me habían hablado. Al Plano de Bagordi llegué a las 20:00 horas de la tarde. Me quedaban cinco kilómetros para llegar a Elizondo. Pensé que si conseguía agua, continuaría hasta Elizondo. Y si no la conseguía, o haría autostop o dormiría en el plano. Allí había una especie de merendero. Había una fuente, pero no tenía agua. A lo lejos vi un caserío. Me acerqué hasta allí y le pedí agua al señor del caserío. Me dejó recoger agua. Como ya tenía agua y me quedaban cinco kilómetros para llegar a Elizondo, decidí continuar. Me alcanzó la noche. Fue muy útil el frontal. La luz esa que se pone en la frente. El descenso fue todo por carretera. Desde hacía rato estaba escuchando la música que venía de Elbete, un pueblo al lado de Elizondo. Veía las luces del pueblo. Llegué a Elizondo a las diez de la noche. Cuando pensé que había llegado a Elizondo, resulta que estaba en Elbete y todavía tuve que cruzar todo el pueblo hasta llegar a Elizondo. No es que se tardara mucho en cruzarlo, pero aquello era como una broma después de la paliza que me había metido. Ese día caminé catorce horas en total. No me salieron ampollas tras semejante palizón y supe que ya no me saldrían en toda la travesía si no había sucedido ya. Y así fue. En Elizondo me hospedé en una casa rural también, igual que en Bera. Al día siguiente lo pasé en Elizondo descansando. Visité el Museo Etnográfico y la Iglesia de Santiago. También supe cómo sonaba Doctor Deseo, grupo de Bilbao del que ya había oído hablar pero del que nunca había escuchado nada. Después pasé la tarde con una mujer que conocí que tenía a su hijo en un hospital psiquiátrico. Fui con ella al hospital a visitar a su hijo y después estuve con los dos por Elizondo. Conocí a muchas personas que estaban en el psiquiátrico y habían salido un rato a dar una vuelta. Ese encuentro no fue casual. Tampoco fue casual que en Bera de Bidasoa conociera a David, con síndrome de down. Siempre he puesto la atención en las personas con síndrome de down y de una manera u otra siempre he puesto la atención en las personas con emergencias espirituales. Los psiquiátricos están llenos de emergentes espirituales. Así que tras esa experiencia supe que ese viaje en solitario por el pirineo no era sólo por aventura. La vida me estaba diciendo algo más. Con M, pasé una tarde hablando sobre las llamadas enfermedades mentales, si lo eran o no o si eran más bien extremada lucidez. Tras tan bello encuentro me fui a dormir. Al día siguiente proseguía mi ruta.

 

Etapa 3 Elizondo-Puerto Urkiaga

 

La inicié el día 16 de septiembre. Salí de Elizondo hacia Puerto Urkiaga. Son 19 kilómetros. En Puerto Urkiaga no hay donde dormir. Las opciones son dormir en un bunker de la Guerra Civil o al aire libre donde una/o encuentre. Yo llegué a Puerto Urkiaga a las cuatro de la tarde. Todavía tenía varias horas de luz por delante. Así que decidí proseguir hasta Sorogain, que está a unos siete kilómetros y medio de Puerto Urkiaga. En Sorogain hay un albergue. Es el albergue Casa Pablo. Lo que más recuerdo de esa etapa Elizondo-Puerto Urkiaga es mi encuentro con los toros. Vacas y caballos ya había visto. Pasaba al lado de las vacas y me daba mucho respeto mirarlas a los ojos. Pensaba que quizá se podrían sentir intimidadas. Pero nada de eso. Siempre se ha dicho que los animales no te atacan si no los atacas. Yo estaba en su hábitat. Simplemente se limitaron a mirarme y nada más. Camino hacia Puerto Urkiaga vi varios toros y esos sí que me inspiraban el máximo respeto. Así que apliqué el mismo método que había aplicado con las vacas y todo fue bien. Al salir de un sendero, me encontré con la carretera. No sabía si bajar hacia la derecha o subir por la izquierda. En esos momentos no había marcas. Empecé a descender y me encontré con un toro en medio de la carretera. Sentí que aquello era una señal y que por ahí no era. Bueno, quiero decir que fue una suerte que el hecho de encontrarme con el toro plantado en medio de la carretera, me dio tanto respeto pensar que tenía que pasar otra vez delante de otro, cuando me había costado Dios y ayuda pasar delante de varios que me había encontrado antes, que ya me fue bien que me diera respeto. Opté por el otro camino y resultó ser el correcto. Empecé a subir. Pasó un ciclista. Le pregunté si por ahí se iba a Puerto Urkiaga y me dijo que sí. Ya no tenía de qué preocuparme y para mi, encontrarme con el toro plantado en medio de la carretera lo interpreté como una señal que me decía que por ahí no era. De esa etapa es de lo que más me acuerdo. Llegué a Puerto Urkiaga a las cuatro de la tarde. Todavía me quedaban más de cuatro horas de luz. Unas cuatro horas y media de luz del día. En esa época empezaba a anochecer hacia las ocho y media y hacia las nueve menos cuarto ya casi de noche. Sorogain está a unos siete kilómetros y medio de Puerto Urkiaga. Ya me metía en la cuarta etapa, según la guía.

 

Etapa 4 Puerto Urkiaga-Auritz/Burguete. Auritz es el nombre en euskera. Burguete en castellano. Al principio pensaba que era el nombre completo del pueblo. Pero cuando veía que en la guía ponía el nombre en euskera y después una barra y el nombre en castellano, bueno, que caí en la cuenta que eso sería por algo. Así que en la tercera etapa, inicié parte de la cuarta. Puerto Urkiaga-Auritz/Burguete son unos dieciocho kilómetros. Como en Sorogain había albergue y calculé que en dos horas y media o tres como muchísimo podría estar en Sorogain, pues para allá que me fui. No llegué a Sorogain. Fui a parar a Bizkarreta, que está fuera del GR-11 y que resulta que es parte del GR-65 Camino de Santiago. Allí fui a parar. Que qué pasó; pues se puede decir que el problema fundamental estuvo en la falta de agua y en segundo lugar, que no presté atención. Lo que pasó fue que cuando dejé atrás Puerto Urkiaga y empecé a caminar hacia Sorogain tan contenta que yo iba, que era mi tercer día por el GR-11 y que había llegado a todos los sitios hasta entonces y que encima estaba avanzando parte de una etapa más, pues resulta que yo ya no tenía agua para entonces. Ya era la tercera vez que me pasaba esto. Sí que había salido de Elizondo con dos litros de agua, pero hubo tanto desnivel en esa etapa, que me la acabé toda antes de tiempo. Lo de calcular el agua en mi caso pensaba al principio que cada 15 kilómetros me había bebido medio litro o algo más. Pero no va en función de eso. Esa etapa Elizondo-Urkiaga tenía diecinueve kilómetros y ya no tenía agua. Tiene un fuerte desnivel y por lo tanto fue un esfuerzo fuerte para mi. Elizondo está a 200 metros. Santa Engraziako está a 338 metros. El Collado Bailei está a 597 metros. Urbilloko Lepoa está a 890 metros. Autrin está a 960 metros. El Collado de Buztamorro a 1180. Ese es el punto más alto de esa etapa. Después se desciende a 1163 y Puerto Urkiaga está a 912 metros. Lo de los términos de media o alta montaña pensaba que era a partir de cierta altitud. Realmente no soy experta en montaña como para decir a partir de qué altura es alta montaña. Lo cierto es que cuando entré en Aragón pensé que eso era alta montaña y que eso sí que era fuerte de tela y que Nafarroa era una fiesta comparado con Aragón. Pero lo cierto es que ahora que ha pasado el tiempo, en Nafarroa también hay mucho desnivel. La altura máxima del GR-11 por Nafarroa está en los 1500. Es en Monte Adi. Es una variante del GR-11. En Aragón la altura máxima está en los 2765 en el Tebarray. Claro. Según con qué se compare puede parecer que lo más fuerte es Aragón, pero lo cierto es que Nafarroa tiene mucho desnivel también. En términos de montaña una cosa es hablar de media o alta montaña y otra de nivel medio o alto. Digamos que para mi Nafarroa tiene un nivel alto porque tiene mucho desnivel. Si es media montaña o alta pues según para quién. Para mi, en algunos momentos sí fue alta montaña. Dependía de dónde estuviera. Bueno. Me he perdido por completo de lo que estaba contando hace un buen rato. Me quedé que estaba en Puerto Urkiaga y empecé a caminar hacia Sorogain hacia el albergue Casa Pablo. Cuando llevaba tres kilómetros, más o menos, llegué a unos carteles informativos de esos que a mi tanto me gustaban que te decían los kilómetros que quedaban y la indicación con una flecha. La flecha es el trozo de madera que te dice hacia dónde ir. A mi me pareció que indicaba hacia el Monte Adi. Si me hubiese fijado más hubiese caído en la cuenta que no. Que el sendero del GR iba por debajo del Monte Adi. No tenía agua, me paré y me quedé un rato mirando la pedazo subida. Y pensé cómo me lo iba a hacer para subir hasta arriba sin agua. De pronto vi una pareja que bajaba por el monte. Sin preguntarles si estaban haciendo el GR y dando por sentado que así era, les pregunté si había que subir la montaña. Me dijeron que sí. Quizá ellos estaban haciendo una variante del GR u otra etapa, porque por ahí no era. Les dije que si tenían un poco de agua y me dijeron que sí. Me llenaron un poco la botella y el chaval me dijo: “Sí. Porque para subir esta cuesta sin agua…”. Así que me puse a subir la cuesta. Como tenía para un rato, empecé a subir haciendo eses para que se me hiciera más llevadero. Después de un rato me fui hacia la alambrada. Seguí subiendo al lado de la alambrada y aquello cada vez estaba más empinado. Me hice heridas con los alambres en algún que otro momentos. Nada preocupante, pero un tanto complicado. El terreno a veces era hierba blanda y para impulsarme me tenía que agarrar al alambre. Como no veía las marcas del GR ni en piedras, ni en los troncos de madera que sujetaban el alambre, crucé al otro lado de la alambrada. Allí había bloques de piedra. Por ahí no podía ser. No podía ser que el GR se metiera en unos bloques de repente y cambiara radicalmente el terreno a transitar y que no hubiera marcas. Así que volví a pasar al otro lado de la alambrada después del berenjenal en el que me había metido y continué subiendo. Cuando estaba cerca de la cumbre me volví a encontrar con los bloques de piedra y no sé cómo me lo hice para llegar hasta la cumbre. Realmente sentía que estaba haciendo algo por encima de mis capacidades. Cuando llegué arriba me encontré unas piedras, unas flores y una dedicatoria a alguien que había muerto allí o que quizá pidió que cuando muriera le dedicaran algo allí o quizá estaba allí enterrado. O le habían dedicado una ofrenda. No lo sé. Me impactó. Lo primero que pensé es que quizá había muerto allí. Después de contemplar toda la vista que tenía mirara por donde mirara, me puse a buscar las marcas del GR. Tenía la esperanza de que me las encontraría arriba. Si ya no estaban allí es que definitivamente me había salido del GR. Decidí descender por un barranco. Tenía varios barrancos por los que descender. Como tres, por lo menos. Opté por uno, todavía pensando que seguro que por ahí daría con el GR en algún momento. Descendí todo el barranco. Descendí durante dos horas sin saber a dónde iba. Lo único que sabía era que no estaba en la ruta correcta. Que estaba fuera del GR-11. Cuando llegué a una pista de tierra empecé a ver marcas de color blanco y verde. Creo que eran del GR-12. De la ruta por Euskadi. Empezaba a anochecer y lo único que yo pedía era llegar a una carretera para parar algún coche y llegar a un sitio donde tuviera acceso al agua. Tras un rato descendiendo llegué a una carretera por donde pasaba un río. Recogí agua y pude calmar la sed. Pasó un coche. Era completamente de noche. Yo llevaba puesto el frontal y caminaba por la carretera que daba a parar a otra. Tenía la opción de ir hacia la izquierda o hacia la derecha, pero no sabía cuál era el pueblo más cercano desde el lugar en el que yo estaba. En el coche que paré iban dos chicos. Se quedaron un poco perplejos de encontrarse a alguien con una luz en la frente que los parara. Fueron dos chicos la mar de majos. Me dijeron que eran de Pamplona y me preguntaron que hacia dónde iba. Les dije que estaba haciendo la transpirenaica y que iba hacia Sorogain y que me había perdido cuando había subido Monte Adi. Les pregunté que hacia donde iban ambos lados de la carretera. Me dijeron que hacia la derecha se iba a Pamplona y hacia la izquierda a Francia. Me dijeron que ellos iban hacia Pamplona y que me podían dejar en el primer pueblo que encontráramos por el camino. Así que me fui con ellos. Uno de ellos me preguntó si quería agua y le dije que la acababa de recogerla del río. Entonces me dijo: “¿Del río?” “¿Has bebido agua del río?” y a continuación hizo un gesto con el dedo mientras se lo llevaba a la boca para preguntarme con más énfasis si había bebido agua de allí; gesto que me encantó y que me pareció la mar de entrañable y auténtico por su parte. Le dije que sí, que muy poca. Y me dijo: “El ganado bebe agua allí. Te puedes poner mala”. Le respondí que había bebido muy poca porque ya no aguantaba más sin agua. Me miró con una mirada entre infantil y tierna y me sonrió. Recuerdo que sentí un profundo amor que no puedo explicar. Pensé que qué pena que hubiera conocido a alguien tan entrañable y que sentí que me miraba dentro sin conocerme de nada. Pensé que las personas que me miraban dentro, sobretodo del género masculino, siempre me los encontraba de paso y viajando.

Me llevaron al pueblo más cercano. A Bizkarreta. Por allí pasa el GR-65 Camino de Santiago. Los chicos del coche no sólo me llevaron hasta Bizcarreta, si no que se aseguraron que allí hubiera algo para dormir. Había una plaza con una fuente y una especie de tienda y le preguntaron a un hombre que había por allí si había algún hostal, albergue o algo para pernoctar. El hombre dijo que sí, que él tenía una casa rural. Le preguntó el precio y dijo que 30 euros dormir y desayunar y me pareció estupendo porque en las casas rurales de Bera y Elizondo me habían cobrado 40 por dormir y desayunar. También le preguntaron si podía comer algo y le dijo que seguramente estaba mareada porque me habían visto en medio de la noche después de todo el día caminando. Yo no habría la boca, porque lo cierto es que no me dio tiempo. Yo con ducharme y dormir en algún sitio, ya no podía pedir más. Antes de que encontrara el río y el coche, había un espacio en el bosque con hojas mullidas y bajo unos árboles y no había pronóstico de lluvia alguno para ese día. Pensé que allí me podía plantar y dejarlo por ese día y que al día siguiente iría a parar a algún pueblo donde retomaría la ruta por medio de algún medio de transporte que me dejara en algún sitio lo más cerca posible de algún pueblo cercano al GR-11. Finalmente decidí continuar, porque lo más urgente era la sed y era encontrar algún río o algo. Y gracias a esa decisión no sólo encontré el río, sino que encima pasó aquel coche con ese par de chicos de Pamplona la mar de adorables que hicieron durante unos minutos de papis-hermanos. Fue un encuentro que nunca olvidaré. Fueron un par de ángeles de la guarda los chicos de Pamplona. Nos despedimos los tres la mar de efusivamente para acabar de conocernos, tras advertirme previamente que me cuidara mucho. A veces suceden encuentros así en la vida. Conoces a alguien de paso y de repente piensas dónde están en la ciudad en la que vives los seres humanos con los que conectas de una forma que no puedo explicar con tan sólo mirarte a los ojos. Supongo que fue un lenguaje de almas. Sin ego por el miedo. Les dije adiós con la mano y ellos me respondieron igual. Se metieron en el coche y antes de arrancar seguían sacando la mano por la ventanilla diciéndome adiós y yo seguía haciendo lo mismo. Se fueron. Yo me quedé con el señor de la casa rural de Bizkarreta. He optado por decir los sitios por los que pasé, para referencia de los futuros transpirenaicos que opten por pernoctar sin tienda, para que tengan referencia de lo que hay por la “transpi” para dormir. Pero también he optado por dar especial publicidad a unos sitios más que otros. Este lugar no está en el GR-11, así que no será una referencia para transpirenaicos, ni tampoco para peregrinos, ya que no es uno de los albergues de peregrinos. Pero es una referencia para senderistas. Se llama Casa Maitetxu. La casa rural está muy bien y por ese precio para una persona sola. Así que para dos personas, más barato aún. Si yo hubiese compartido la habitación con alguien, le hubiese costado a cada uno 15 euros. También fue así en Bera y Elizondo, ya que son habitaciones con dos camas todas ellas. En Bizcarreta hay otra casa de peregrinos o albergue. Hay pocas casas y hay un bar donde se pone a tope para dar bocadillos y cenas a peregrinos y senderistas. Como ya estaba cerrado cuando llegué; la señora de la casa rural me hizo un bocadillo, que me cobraron a parte; claro. Allí me duché como una princesa en esa habitación que me parecía un palacio y en ese baño que me parecía más palacio todavía. Y allí dormí de un tirón hasta el día siguiente. Al día siguiente era día 17 de septiembre. El sexto día de camino. Opté por descansar. Había vuelto a caminar el día anterior unas doce horas o algo más. Lo cierto es que eso lo había decido el día anterior, que descansaría todo el día, porque había llegado molida. Pero la verdad es que al día siguiente no tenía apenas agujetas y no me dolían los pies. El día anterior me dolían una barbaridad, pero al día siguiente no. Pensé que me quedaba poco para Sorogain desde allí y desde allí a Auritz, poco también. Unos 15 kilómetros en total. Me fui a caminar un rato por la carretera para saber por dónde tenía que ir hacia Sorogain. Después de encontrarla, volví a Bizcarreta. Caminando por la carretera NA-135 (kilómetro 25,2) yo iba en dirección Mezkiritz. A los dos kilómetros de Bizcarreta hay un sendero que va hacia Sorogain. Como ya sabía que ese era el camino para el día siguiente, me volví a Bizcarreta. Comí en el bar de la localidad. Pasé todo el día viendo pasar a senderistas y peregrinos. Los peregrinos hacían lo mismo que yo. Recogían agua y miraban el mapa. Sabía que estaban haciendo el Camino de Santiago porque muchos de ellos llevaban la concha de peregrinos colgada del cuello o en la mochila. No sé si era el Camino Francés del Camino de Santiago o era el Camino de Navarra que enlaza con el de Aragón o cómo va esto. El Camino de Santiago se ha extendido tanto y se han abiertos tantos que antes no había, que desconozco cuál era. Una amiga mía de Barcelona hizo todo el Camino Francés desde Sant Jean-Pied de Port hasta Santiago de Compostela. Cuando volví a Barcelona tras hacer parte de mi transpirenaica; le pregunté si había pasado por Bizcarreta y me dijo que no. Así que deduzco que por ahí no pasa el Camino Francés. Pero no tengo ni idea. Puede que mi amiga no lo recuerde porque no pernoctó allí. En el Camino de Santiago sucede como en el GR-11; según cómo estés decides avanzar una etapa más de la que te toca o no.

 

En el bar del pueblo me comí un bocadillo. Recuerdo que sonó Estopa en la radio. Recuerdo que aquello no me pareció casual. No creo en
las casualidades.

 

Después de comer y de no saber qué más hacer; me eché una pedazo siesta y poco después cené en el bar. En el bar la señora me dijo que me estaba hospedando en la casa rural más cara. No supe qué responderle, ni cuál era la preocupación de la señora, ni qué tipo de respuesta se esperaba de mi. Después añadió que hay una más barata y que también hay algo para peregrinos. Le dije que yo no estaba haciendo el Camino de Santiago. Le dije que estaba haciendo el GR-11. Me contestó que por ahí no pasa el GR-11. Le respondí que ya lo sabía. Que me había perdido y que por eso estaba ahí, y que al día siguiente lo retomaría. Me contestó que ya le parecía raro a ella que descansara un día siendo peregrina. No lo encuentro raro descansar un día siendo peregrina, pero al parecer a la señora le parecía muy raro. Volvió a decirme que de cualquier forma había una casa rural más barata. No recuerdo qué le respondí. Tampoco sabía cuál era la preocupación de la señora. Me gasté 1400 euros en total durante un mes juntándolo todo; incluyendo el billete de tren de ida Barcelona-Irúan y el autobús de vuelta a casa. ¿Podía haberme gastado menos? Sí. Con tienda me podía haber gastado menos. ¿Sin tienda? Seguramente algún euro hacia abajo, pero tampoco sé si muchos más. Antes de salir de Barcelona yo ya había contado que me gastaría entre pitos y flautas entre 40 ó 50 euros al día; contando la comida que compraba para el camino. Algún día que otro, me gasté menos que eso. Después me preguntó si estaba haciendo el GR sola y le dije que sí. Me parece que me dijo que qué valiente. Ya me lo habían dicho antes. Me volví a la habitación y me puse a leer la guía y a escribir. Me aburrí bastante ese día. Pensé que no hubiese sido necesario descansar al sexto día y que ya había descansado en Elizondo y que ya no era tan fácil que para el día 9 de octubre yo estuviera por Andora y el día 10 camino de Barcelona de nuevo. También pensé que todavía tenía tiempo para llegar hasta donde me había propuesto, ya que quizá podía avanzar alguna etapa en algún momento.

Al día siguiente era día era día 18. La etapa a realizar sería Sorogain-Auritz/Burguete. La etapa 4 es Puerto Urkiaga-Auritz/Burguete. Yo a Puerto Urkiaga había llegado dos días atrás. Salí de Bizcarreta hacia Sorogain. Quería retomar el GR-11 allí y continuar hasta Auritz/Burguete. Dejé la carretera NA-135 a los dos kilómetros y empecé a caminar por el sendero que indicaba hacia Sorogain. Estuve una hora quizá caminando. Como sólo había ese camino marcado, lo seguí. No había pérdida. No había indicaciones del albergue de Sorogain. Sí encontré una señal de albergue, pero todavía no se veía nada. Vi una casa de color verde y pequeña y pensé que quizá ese era el albergue, pero era tan pequeña, que pensé que sería la casa de algún cazador o algo así. Aquello no podía ser el albergue. No volví a ver referencias hacia el albergue. Llegué a una pista que iba en una dirección y otra que subía hacia arriba. No sabía qué camino coger. Pensé que lo más probable es que tuviera que subir por la pista. Me encontré con un señor y dos señoras que estaban dejando el coche aparcado porque iban a buscar setas o caminar por el bosque. Les pregunté si sabían si para ir a Sorogain tenía que ir por un lado o por otro y el señor me dijo que continuara todo recto. Las señoras me dijeron que en realidad no tenían ni idea de si se iba por allí o no a Sorogain porque nunca habían estado por allí. A pesar de esta advertencia y a pesar de que mi instinto me dijo que el señor, por muy seguro que respondiera, no estaba seguro tampoco de si se iba por allí, hacia allí que fui. No llegué a Sorogain. De hecho, la etapa 4 no la hice por el GR-11 desde que dejé atrás, a los cuatro kilómetros, Puerto Urkiaga. Llegué finalmente a Auritz, pero por sendero local. Primero pasé por Espinal y luego llegué a Auritz/Burguete. Tenía que haber seguido la pista asfaltada de color blanco con rayas horizontales hacia arriba cuando me encontré a esas mujeres y ese hombre. No lo hice porque pensé que quizá empezaría a ascender y ascender sin indicación alguna y sin la seguridad de que esa pista llegara a Sorogain. No me apetecía ascender innecesariamente y no ir a parar a mi destino. Me fié más de la opinión de otros que de mi instinto. Lo curioso es que mi intuición tuvo unos segundos de claridad en los que me di cuenta que aunque ese hombre respondiera con aparente seguridad, en realidad no estaba seguro de si por ahí se iba a Sorogain. Yo tenía que ir a Sorogain para retomar el GR-11 y seguir hasta Auritz por el GR-11. Llegué a Auritz por sendero local. Por lo tanto, no puedo hablar de cómo fue la etapa número 4 en lo que se refiere a esfuerzo. Por sendero local fue todo plano. Esfuerzo físico ninguno. Un paseo por el campo. En menos de tres horas me planté en Auritz/Burguete. Esa etapa la haré un día cuando parta de Sant Jean-Pied de Port con destino Roncesvalles. Haré: Sant Jean-Pied de Port-Roncesvalles-Auritz/Burguete-Sorogain. Será una etapa de dos días en las que juntaré parte del Camino de Santiago Francés, el GRT 7 y esa etapa del GR-11 que me perdí.

Como decía, llegué pronto a Auritz/Burguete. Era día 18 de septiembre de 2012. A las once ya estaba allí. Supe que Auritz, Roncesvalles, Otsaba-Ochagavia y otro sitio son zonas de brujas. También supe que Hemingway se hospedó en el Hostal Burguete; el mismo sitio donde me hospedé yo. Se sintió atraído por esa zona. El hostal me costó 30 euros. El desayuno no está incluído en el precio. En Auritz hay un bar al lado de la iglesia donde ponen el menú peregrino tanto a la hora de la comida como de la cena. La cena es hasta las nueve de la noche. Y a partir de las siete. La comida me parece que entre la una y las cuatro de la tarde. En Auritz coincide el Camino de Santiago y el GR-11.

 

Etapa 5 Auritz-Hiriberri

 

El miércoles día 19 de septiembre salí del hostal hacia las 08:30 de la mañana. Fue una etapa con muchas subidas. Tiene mucho desnivel acumulado. De nuevo en algún momento ascendí por un monte agarrándome a una alambrada y pasando por senderos con muchas piedras. Auritz está a 900 metros. Latxaga, el punto más alto de esta etapa, está a 1.200 metros. Después se descienden 430 metros hasta llegar a Orbara. Durante esta etapa experimenté mucho desnivel acumulado. Cuando estuve en lo alto del monte; en Latxaga o cerca; me senté. No había nadie. Sólo el sonido del viento. Sentí la más absoluta lejanía con todo tipo de rutina habida y por haber. Allí sólo estábamos la montaña y yo. Bueno; más bien la naturaleza y yo. El viento me acompañaba. Me quedé un rato allí que desconozco cuál fue en tiempo mental. Lo desconozco. Sé que sentí libertad durante el rato que estuve allí. Y eternidad. Situaciones como esta tuve muchas en la montaña. Caminar sola por la montaña tiene sus riesgos, pero también tiene sus ventajas. Momentos como este sólo los pude tener estando sola y haciendo sola la travesía que decidí hacer. Llegué a Hiriberri a las cuatro y media de la tarde. La etapa tiene 17,5 kilómetros. Caminaba unos tres kilómetros la hora. Pero si el ascenso era fuerte o el descenso era pesado, el número de kilómetros por hora era de dos. Otra de las ventajas de ir sola es que paraba cuando quería, comía cuando quería, bebía cuando quería e iba a mear cuando quería. No tenía que avisar al grupo por ir a mear, no tenía que avisar que paraba a beber agua o a sacar las nueces o el chocolate o los quesitos o lo que fuera de la mochila porque me apetecía comer algo y de paso sentarme a contemplar y sentir dónde me hallaba. Simplemente hice lo que a mi me dio la gana y cuando a mi me dio la gana. Recuerdo que pasé por Orbara y me tomé una cerveza en el bar y me comí una bolsa de patatas o de algún frito de esos. Todavía me quedaban cuatro kilómetros para llegar a Hiriberri. La guía de Prames señalaba la subida última hacia Hiriberri como un fuerte ascenso. A mi no me pareció fuerte en absoluto. En absoluto. Momentos de fuerte ascenso tuve yo durante la travesía que la guía no señalaba como tal. A mi, el tramo final hasta llegar a Hiriberri, me pareció tirado. De “fuerte ascenso” no tiene nada ese último tramo. Poner eso como “fuerte ascenso” y no señalar la bajada hacia la Fuen Blanca cuando una/o viene de Arrablo saliendo de Góriz y yendo hacia el Refugio de Pineta; me parece poco real. Porque la bajada a la Fuen Blanca por la etapa de la Fuen Blanca, y no por la de las cadenas de Punta las Olas; la guía la señala como un paseo por el campo y resulta que el descenso es completamente vertical y necesitas apoyarte con las manos durante todo ese descenso. Eso no figura en la guía. Sé de lo que hablo, porque aunque yo esa etapa no la hice, y me la salté, hasta ese punto sí que llegué y me quedé bastante perpleja de que lo pusieran como “descenso fácil por el valle”. Difícil no es, sobretodo si ya te has chupado todo el recorrido ya sea desde Cabo Higer o desde Cap de Creus. Pero llamar a esa zona “descenso fácil por el valle” y llamar “fuerte ascenso” la última subida de Hiriberri; me parece alejado de cómo es en realidad.

En Hiriberri me hospedé en una casa rural donde la señora me cobró 25 euros con el desayuno incluído. Sin contar el camping de Cabo Higer es lo más barato que me han cobrado en una casa rural u hostal. En Navarra no hay refugios en el recorrido del GR-11. Hay cámpings, hostales, hoteles y casas rurales. En Bizkarreta sí había albergue o casa rural para peregrinos, pero como ya he dejado claro antes; eso no es GR-11. Así que esas son las opciones. Si llevas tienda; duermes donde quieres y la plantas cuando quieres. Y supongo que más aventura todavía. La mujer de la casa rural de Hiriberri fue encantadora. Me trató con un cariño especial. Es el ser humano más humano que he conocido en toda la senda pirenaica en lo que a ofrecer alojamiento se refiere. La casa rural la lleva su hija en realidad. Ese día no estaba. Siempre me acordaré de esa mujer. Tenía algo que me recordó mucho a mi madre y a una tía de mi madre. Gracias, señora. Es usted toda una señora. Y además tuvo que subir las escaleras y bajarlas para traerme la comida del desayuno y me di cuenta que lo hacía con cierta dificultad. Su casa estaba abajo. Y la parte de arriba eran habitaciones para montañeras/os. La casa se llama Casa Aguerre.

Hiriberri es precioso. Sólo tiene un bar. Allí cené un bocadillo de chistorra y me bebí una cerveza. Creo que era el segundo bocadillo de chistorra que me comía en Navarra. Después me fui a dormir.

Durante toda la travesía pasé por delante de vacas y bebés de vaca continuamente. De ovejas y caballos y bebés de caballo. Hace ya un tiempo que estoy intentando no comer carne. No siempre lo consigo. Normalmente no la como. Durante la transpirenaica no me pude resistir a los bocadillos de chistorra. Creo que cerditos no vi ninguno; me parece. Ya hace un tiempo que intento comer la menor cantidad de carne posible y la menor cantidad de embutido posible; pero este último es mi perdición. Y lo de la chistorra de Navarra es… y con una cerveza fría tras una caminata larga de ocho horas es…

 

Etapa 6 Hiriberri/Villanueva de Aezkoa-Otsaba/Ochagavía

 

El día 20 de septiembre salí de la casa rural a las 08:30 A.M. rumbo hacia Otsaba/Ochagavía. La subida al salir de la casa fue larga. Esta es una etapa de 20,6 kilómetros según la guía. En este caso sí que es fuerte la subida. Y larga en tiempo. El ascenso es continuado. Hiriberri está a 930 metros y el fuerte ascenso termina en 1280 metros en esa primera subida. Se pasa cerca de la cima de Berrendi que está a 1351 metros. Cuando llegué a la máxima altitud de esa primera parte de la etapa; me volví a sentar yo sola con la inmensidad salvaje que me rodeaba. El lugar en el que me encontraba se llama Ollokiate. Tras este fuerte ascenso y tras ese momento de descanso y de conexión absoluta con lo natural y salvaje seguí caminando. Estaba en un lugar que cuando miraba hacia abajo me parecía que estaba cerca de un precipicio. Iba por el bosque y poco a poco iba abandonando el camino que iba al lado de ese precipicio donde había una roca enorme a mi lado que me permitía ver ambas cosas. Cada vez me adentraba más en el bosque de nuevo y había veces que me tocaba retroceder porque aunque el GR está bien marcado; a veces; cuando había varios caminos a escoger; si no veía las marcas a menudo optaba por uno que luego resultaba que no era por allí. En esa etapa me confundí varias veces. Hay muchos bosques de hayedos y en numerosas ocasiones me despistaba siguiendo las marcas. El GR está muy bien señalizado en Euskal Herria, pero los despistes se pagan caros. El tiempo de camino en la montaña se va acumulando y el tiempo que te queda para llegar al siguiente lugar donde vas a descansar; también. De esa etapa recuerdo que ascendí mucho y fui por muchos caminos entre rocas. Llevaba un buen rato ascendiendo y empecé a irritarme pensando que ya me tenía que tocar descender. Esa impaciencia hizo que me despistara. Llegué a un prado al que tenía que llegar. Vi la marca del GR en el poste de madera que se pone para sujetar la alambrada. Me quedé pensando que quizá esa marca era para los que hacían el camino viniendo desde Cap de Creus o caminando hacia Euskal Herria; ya que yo ya iba caminando hacia Aragón y Catalunya, aunque todavía estuviera en Euskal Herria. Decidí descender y descendí todo el prado. Después de una hora descendiendo y de atravesar todo el prado y de no ver más marcas del GR, caí en la cuenta que me había vuelto a salir del GR, como me había pasado dos días atrás. O era una variante del GR o la marca era para los que caminan en dirección a Cabo Higer. Cuando llegué abajo, a la pista de tierra, sabía desde hacía rato que no estaba en el GR-11. No sabía si seguir descendiendo e ir a parar a donde fuera o si ascender y por lo tanto, volver a hacer un camino que ya había hecho. Tuve una batalla entre lo que quería mi cuerpo y mi mente y lo que me decía mi intuición. El primero me decía que descendiera y la segunda, que ascendiera y fue lo que hice finalmente. Mientras subía por la pista iba bordeando la alambrada. Fui hasta arriba del todo y encontré de nuevo las marcas del GR-11. Fue como un milagro para mi. Ya no contaba con ello. Aprendí que la intuición no falla. Es algo que se dice a menudo, pero una cosa es escucharlo y otra es experimentarlo. Fui a parar a un sitio que la guía señalaba como “un cargador de ganado”. Cuando me encontré con un lugar donde meten a los animales y que estaba allí al aire libre y vi a un montón de vacas por allí; a mis queridas amigas; pensé que ese es el lugar que señala la guía. Poco después de seguir caminando cerca de las vaquitas, me encontré con mis queridas marcas del GR y respiré aliviada y me sentí la mar de satisfecha conmigo misma. Había perdido una hora más, pero la paciencia y la intuición fueron grandes aliadas. Sí. Me había confundido, pero volví a encontrar el camino. En grupo, yendo en grupo, otros hubieran encontrado el camino por mi. Este lo encontré yo.

Seguí caminando y me encontré con subidas y bajadas contínuas. Llegué a una especie de aparcamiento y me encontré con los indicadores que tanto me gustan. La guía lo llama el Paso Tapla. Allí me encontré con una pareja que acababan de dejar el coche allí porque iban a hacer alguna excursión por allí cerca. Me preguntaron que qué hacía por allí yo sola. Les expliqué que estaba haciendo el GR-11. El hombre me preguntó que cómo así, que debido a qué lo estaba haciendo. Que si era por alguna penitencia o si era para encontrar mi yo interior. Muchas personas tienen este tipo de creencia. Piensan que hacer algo fuera de lo común o un tanto sacrificado tiene que ser por algo especial. Le respondí que lo estaba haciendo por aventura. Me gusta donde vivo, pero la rutina es siempre igual en todas las ciudades. Quería hacer algo diferente. La mujer me dio unos pestiños. Un dulce anisado. No sé si se llaman así. Me parece que me dijo eso. También me dio chocolate. Un encanto de mujer. Él me hizo un interrogatorio y ella me dio reconstituyentes. No se los pedí. Salió de ella. Nunca olvidaré a esa pareja. Sobretodo a ella. A él tampoco, que con su acento de Donosti me hizo aquel interrogatorio. Digo acento de Donosti, porque me dijeron que eran de allí. Yo pensé que eran de Bilbao por el acento. Pero no. Eran de Donosti. Él me recomendó que para otro año lo hiciera al revés. De Cap de Creus hacia Cabo Higer. Me explicó que el sol no me daría de frente. Y me habló del viento. Pero no me acuerdo qué me dijo del viento. Ya no presté atención. Me puse a pensar que qué más le daba a él cómo me diera el sol y el viento; si total, él no le encontraba ningún atractivo a hacer una travesía solo por la montaña, ni a que la hiciera yo. Así que no me esforcé en lo que me decía. Hice como si lo estuviera escuchando la mar de atenta, pero no me enteré de lo que me dijo. Le dije que cuando acabara la travesía en dos años, no la iba a repetir; que en todo caso haría otra, pero no una que ya había hecho. Entonces ella me preguntó que por qué, que si tan dura estaba resultando. Le dije que sí, que en algún momento estaba resultando dura, pero que el motivo de no volver a hacerla era porque no quería repetir algo que ya había hecho. Hay para dar y tomar en el Pirineo. El Pirineo no te lo acabas. Dejé a la pareja, tras desearme suerte. Me quedaban todavía once kilómetros. Crucé la carretera y emprendí una fuerte subida hacia el pico de Idorrokia, que está a 1492 metros.  Caminé con el viento en contra y fue algo costoso, pero muy divertido. Había momentos que pensé que iba a salir volando. El viento era cálido. Soplaba con ganas. Había momentos que me paraba. Intentaba no ir muy cerca del precipicio. Después empecé a descender. El viento ya no era tan fuerte cuando empecé a perder altura. En poco tiempo hice muchos kilómetros para lo que acostumbraba a hacer a diario y encima con un fuerte ascenso. El camino transcurría con constantes subidas y bajadas. Es el Paso de las Alforjas. Allí vi unos indicadores que enlazan con otros senderos transfronterizos que llevan las siglas GRT. Alli vi restos de construcciones megalíticas. Vi dólmenes y menhires. Allí había indicadores del GR-10 que es la transpirenaica por Francia, del GRT 9 que va hacia Casas de Irati y allí enlaza con el GR 10 y del GR 12, que creo que es un sendero por Euskal Herria. Al cabo de un rato llegué a la Borda de Botín. Cuando llegué allí había descendido 400 metros. Allí me encontré con un indicador que me decía que estaba en la borda y el GR-11 iba en esos momentos en la misma dirección por la que se va hacia la Ruta de los Sarracenos. Llegué a un prado y me tumbé en la hierba. Bebí agua y comí unas pocas nueces. Estaba muy cerca de la Ruta de los Sarracenos. De nuevo dudaba por dónde ir, aunque estuviera marcado. La señalización marcaba en una dirección, pero a mi me parecía que iba en otra. Me metí por un camino precioso con hojas de árboles. No veía señales y volví al mismo sitio; al prado. Subí por una pista de tierra. Si no era por el camino de las hojas de los árboles, tenía que ser por el otro. Subí por una pista de tierra y después fui por un sendero local que comparte el GR-11 hasta la Ermita de Muskilda. Allí me senté en un banco al lado de una mesa de piedra. Descansé un rato después de la fuerte y constante subida. Me apetecía visitar Muskilda por fuera, pero estaba muy cansada para eso y aún me quedaban unos tres kilómetros que se convirtieron en una eternidad. Empecé a descender hacia Otsagabia. Aquello nunca acababa. Es un camino con muchas curvas. Continuas curvas y con muchas piedras. Llegué a Otsagabia hacia las seis de la tarde. Hecha polvo. Esta etapa tiene mucho desnivel. Otsagabia está a 760 metros. Había salido de Hiriberri que está a 930 metros. Había ascendido 400 metros y había descendido 700 metros y entre medias; constantes subidas y bajadas. Esta etapa para mi fue de las más duras que hice por Euskal Herria. Tiene mucho desnivel acumulado. Aquí fue cuando me di cuenta que tan cansadas son las bajadas como las subidas. Incluso hasta ahora siempre me habían parecido más fuertes las subidas y más pesadas y cansadas, pero después de esta etapa, me di cuenta que tan pesadas y cansadas pueden llegar a ser las bajadas. Había ratos que soltaba: “Anda ya. Pero esto qué es. No me lo puedo creer”. La bajada de Muskilda a Otsagabia puso a prueba mi paciencia. Recuerdo que una mariposa me acompañó durante toda la bajada. Toda la bajada; oigan. Toda. Alguien envió esa mariposa allí porque sabía que no podía más. Esa mariposa fue un maravilloso ser que hizo que pusiera la atención en el sendero por muy pesado que me estuviera resultando. A pesar de lo pesado que se me hizo es un camino precioso. Todo el Pirineo lo es.

En Otsagabia me hospedé dos noches en una casa rural. La señora me cobró unos 30 euros, sin el desayuno incluído. Cuando llegué al pueblo estaba todo cerrado. Después me enteré que hay un camping a unos dos kilómetros o un kilómetro y medio. Lo supe después. De todas formas yo fui a lo cómodo y rápido. Ya no aguantaba más el dolor de pies. Después de dejar la mochila en la habitación y de ducharme y lavar la ropa y tenderla, me fui a buscar un sitio para comer algo. Estaba todo cerrado. La señora de la casa/hostal rural me recomendó un hostal donde daban cenas. Fui allí pero ya no las daban porque ya no era temporada para ellos. El camping estaba a un kilómetro y algo. La sidrería estaba cerrada. Abría a ciertas horas. Al mediodía y por la noche. Me fui a un bar a tomar una cerveza. No faltó ni un día en el que después de la caminata me tomara una cerveza. Allí tomé unos pinchos de mi querida chistorra y otros de queso. Y con eso me di por cenada. Ya no podía pedir más. Iba pensando en un bocadillo de chistorra o de tortilla de queso o patata, pero lo cierto es que en el bar fueron la mar de majos, porque es un bar de cervezas y copas y punto; pero como vieron que tenía tanta hambre; se curraron unos pinchos. Y tras esto, me fui a dar un pequeño paseo por Otsagabia; aunque no hice gran cosa, porque estaba destrozada. Me fui a dormir. Creo que a las once, tras escribir lo que aquí narro, y tras mirar el libro de la “transpi”.

Al día siguiente; día 21 de septiembre; desayuné y comí en el camping. El chico del bar del camping es muy majo. Fue lo mejor de Otsagabia junto con la chica que me había hecho los pinchos de chistorra el día anterior. Desde allí a Irati hay 21 kilómetros. Pensé en ir, pero también pensé que tenía que volver y me daba un palo hacer 42 kilómetros que para qué. Ya eran las doce del mediodía para cuando pensé en eso. Me pareció que no era una buena idea. Pregunté si había autobuses o algo que fuera hacia allí, pero no había. Me dijeron que las opciones eran ir caminando o hacer autostop. Así que no fui. Siempre he querido conocer Irati y la selva. Pasé muy cerca durante el recorrido. De hecho se ve en algún momento cuando se mira desde uno de los collados. Se supone que se ve. Yo vi paisajes preciosos a lo lejos, pero no vi la selva. En su momento la transpirenaica pasaba por la Selva de Irati. Ahora ya no. Ese día fui a ver la Playa Fluvial allí en Otsagabia. Un lugar tipo merendero con un río. Ciertamente es una playa, pero sin arena. Tiene hierba y cerca del río hay arena. Un lugar precioso. No había nadie cuando yo fui. Otsagabia es un sitio que me enamoró. Tiene cuatro puentes. Por la noche cené en la sidrería. Me pegué un buen homenaje. Comí bacalao al pil pil y queso y bebí una cerveza. Recuerdo que sonaba Benito Lertxundi y me vinieron unos recuerdos maravillosos de mis años en Bilbao y de las personas que allí conocí.

Etapa 7 Otsagabia/Ochagavia-Itzaba/Isaba

 

El día 22 de septiembre sábado inicié la etapa Otsagabia-Isaba. También tuve una fuerte subida a la salida del pueblo. Hice muchos kilómetros en poco tiempo. Normalmente llevaba siempre el mismo ritmo y de pronto lo había aumentado. La etapa tiene 20,2 kilómetros. Otsagabia está a 760 metros. Llegué al Paso de Arotza que está a 1215 metros. Continué ascendiendo. Pasé junto a la Borda Aragón. Seguí ascendiendo hasta llegar a Zotrapea, a 1310 metros. A esa altura, más o menos, enlacé con la “Cañada de los Roncaleses”. Al llegar a Lakuaga, la “Cañada de los Roncaleses” se separa del GR-11. Llegué a Millingrate Kakueta/Millingrate Peña Blanca. Está a 1365 metros. A partir de aquí empecé a descender. Me quedaban un par de horas para llegar a Isaba. Poco antes de llegar conocí a Valeria, una chica de Italia, con quien estuve durante seis días. Descendimos en dirección hacia el Santuario de Idoia, que está a 825 metros. El descenso fue largo. Una vez allí bebimos agua y nos sentamos un rato. Valeria se fumó su cigarro de tabaco de liar. Tras reponer fuerzas empezamos el descenso hacia Isaba. El camino es muy bonito. Es empedrado y había varias tumbas. Parecía un cementerio. De hecho es un cementerio al lado del santuario. Llegamos a Isaba y nos hospedamos en Hotel con Encanto. Me parece que se llama así. La habitación costaba 50 euros y entre las dos quedó por 25 cada una. El desayuno no estaba incluído. Esta etapa no me pareció fuerte. Lo más pesado para mi fueron los últimos seis kilómetros. El descenso al Santuario de Idoia y a Isaba se me hizo muy pesado, pero por lo demás, no recuerdo una etapa dura como lo fue para mi la de Hiriberri-Otsagabia.

 

Etapa 8 Isaba-Zuriza

 

Esta es la última etapa que transcurre por Navarra. Zuriza es Aragón. No sé en qué momento de esta etapa se entra en Aragón. Creo que en Zuriza, pero puede que sea unos tres o cuatro kilómetros antes de llegar a Zuriza. Ese día era día 23. Era el primer día que me despertaba al lado de otra persona después de once días caminando sola. Era extraño para mi. Valeria también estaba haciendo el GR sola. Pensábamos igual. Ella al igual que yo, también había recibido muchos halagos durante la travesía por estar haciendo sola el GR. Y al igual que yo, también se encontró con personas que no comprendían por qué lo estaba haciendo sola. Nos reímos mucho compartiendo este tipo de cosas y sucesos varios que nos habían pasado en la montaña. A ella al igual que a mi le dio miedo pasar por delante de los toros, pero no tanto por delante de las vacas. Y a ella al igual que a mi le aburrían una serie de cosas de la rutina diaria en las ciudades. Fue muy divertido y reconfortante conocer a alguien que estaba haciendo el GR-11, que pensaba en muchas cosas como yo. Ese día desayunamos en la habitación. Ella llevaba galletas, hornillo y una taza. También llevaba café. Su hornillo no pesaba apenas. Lo cierto es que no pesaba nada. También me enseñó su tienda, y tampoco pesaba, pero yo tenía claro que eso era un suma y sigue a la mochila y con lo que me pesaba la mía, ya tenía bastante. Me di cuenta de lo bien preparada que iba. Cuando nos pusimos la mochila me dijo que no la llevaba bien ajustada. La ajustó en la cintura y en los hombros pero aún así a ella no le convencía. “Esta mochila no es buena para la montaña”, decía. Yo no hacía caso. Pensaba que si era cierto que no era buena, era la que tenía, y era con la que estaba haciendo el GR; pero creo que ahí me empecé a dar cuenta que quizá fuera muy diferente de la suya. Salimos del Hotel con Encanto a las nueve de la mañana. Recuerdo que desde la habitación se veía una casa derruída que me encantaba y Valeria la señalaba y me decía: “Hotel con Encanto”. Lo cierto es que la casa derruída me fascinaba y tenía mucho encanto. El sitio en el que nos hospedamos es lo más caro del GR. Lo llevaba alguien de algún país del resto de Europa. No sé si era alemán, inglés o de dónde. Lo más caro que me han cobrado a mi en una casa rural después de Isaba, fue en Bera de Bidasoa y en Elizondo; que la habitación con dos camas costaba 40 o 42 euros en el caso de Elizondo. El desayuno iba incluído en ambos casos. En otros sitios, como en un par de hostales; me cobraron 30 y el desayuno aparte.

La etapa fue fácil, aunque nos perdimos varias veces. De hecho es una etapa corta. Son 11,3 kilómetros. Esta etapa pasa por el Llano y la Selva de Belabarze. Recuerdo que nos perdimos varias veces. Íbamos caminando por un sendero entre los árboles. Había muchos troncos en el suelo y muchas ramas. Hacía mucho viento. A Valeria le preocupaba que con la fuerza del viento nos cayera alguna rama o árbol porque todas esas ramas fuertes y algún que otro árbol tumbado estaban allí por la fuerza del viento. Yo no pensaba en eso. No lo veía posible. No sé por qué. Pensé que eso no sucedería; pero por suceder; podría. Lo que más recuerdo de esta etapa fue la cantidad de veces que nos perdimos. Realmente es una etapa que se puede hacer en tres o cuatro horas, pero no sé cómo nos lo hicimos para llegar a las cuatro o las cinco de la tarde al refugio. O incluso a las seis. Realmente perdimos mucho tiempo retrocediendo y volviendo a retomar el camino. Supongo que al ir dos y al ir hablando, perdíamos las marcas. Nos despistábamos, porque las marcas siempre están. Más adelante o menos, pero siempre. Caminar por el bosque con las ramas por el suelo y algún que otro árbol tumbado fue complicado. Cuando llegamos a Zuriza, ya estábamos en Aragón. Yo estaba contenta de haber salido unos cuantos días atrás de Euskadi, de haber atravesado toda Euskal Herria por el Pirineo y de haber llegado a Aragón. Empezaba así una etapa nueva del recorrido. En Zuriza llegamos el camping. Nos dijeron que no había sitio. Valeria les dijo que llevaba tienda. Nos dijeron que tampoco había sitio para poner la tienda. Sí lo había, pero no insistimos ante las pocas facilidades que nos dieron. Fuimos en busca de un refugio. La guía señalaba uno a cinco kilómetros de allí. Un refugio guardado. Las dos estábamos muy cansadas, pero aún así decidimos ir en busca de ese refugio. El camino hacia el refugio no estaba marcado, porque ya no estaba dentro del GR. Después de un buen rato caminando, nos encontramos con un chico y unas chicas. Les preguntamos por el refugio y nos dijeron que no íbamos bien por ahí. A cinco kilómetros del camping y en alguna dirección correcta hay un refugio guardado. Como ya habíamos perdido una hora y estábamos hechas polvo, ya no quisimos ir en busca de ese refugio para el que nos quedaban dos horas de camino. El chico y las chicas nos dijeron que había otro no guardado y que no estaba tan lejos. A unos tres kilómetros o así. Y nos fuimos en busca de ese otro. Descendimos y tomamos otro camino. Fuimos a parar al Refugio Tacheras. Llegar al refugio fue costoso con el viento soplando con fuerza. El paisaje cambió de golpe. Las montañas eran caminos con piedra. El sendero era por piedra. Me di cuenta que aquello empezaba a subir cada vez más. Ya estaba cerca de los 1410 metros. La cosa se empezaba a poner seria y fuerte para mi. El Refugio de Tacheras es un refugio no guardado, destartalado, con las ventanas rotas. Pero lo suficiente para pasar la noche. Tiene una mesa, una habitación sin puerta y un altillo. Subir al altillo y dormir allí con el saco era una posibilidad. Plantar la tienda en la habitación sin puerta era otra. Yo al altillo no me atreví a subir. Valeria decidió plantar la tienda en la habitación sin puerta. Pronto empezó a anochecer. Yo estaba dentro de la tienda y Valeria andaba por allí cerca. Cuando ya era de noche escuché a Valeria hablar con alguien. Salí de la tienda y me encontré con Francisco. Francisco es un hombre de unos 67 años que estaba haciendo el GR-11 desde Cap de Creus. Nos dijo que iría hacia Francia. No recuerdo en qué sitio de Francia nos dijo que vivía. Nos dijo que también hizo el GR-10 en su momento y que el GR-11 también lo había hecho una vez en bici. Ahora lo estaba haciendo caminando. En el refugio había firmas, dibujos y escritos de personas que habían pasado por allí. Francisco encontró su nombre del año en el que hizo el GR-11 en bici. Supongo que habrá un GR-11 para bicis, pero desde luego dudo que en algunos momentos se pueda ir por donde van los senderistas. En más de una ocasión vi marcas del GR con las letras BT. Supongo que era para las bicis. Nos pusimos a cenar los víveres que cada uno teníamos y nos estuvimos riendo contando las aventuras del camino. Nos fuimos a dormir. El viento soplaba muy fuerte y llovía. Recuerdo que nos despertamos varias veces por el sonido del viento. Francisco dormía arriba y nosotras abajo. También llovió con fuerza. Yo pensaba que íbamos a salir volando con la tienda. Estaba bien resguardada la tienda; eso sí. Estábamos bajo tres paredes y un techo encima del cual dormía Francisco.

Al día siguiente cuando nos levantamos había mucha niebla y llovía. Yo miraba las montañas a lo lejos y había niebla. Valeria dijo que se iba. Yo dije que yo no salía ese día. Miraba a las montañas y veía esa niebla y no me pareció un buen panorama. Valeria me dijo que no se quería quedar todo el día en Zuriza haciendo nada. Yo le dije que yo prefería quedarme antes que exponerme con semejante niebla a lo lejos. Francisco, que intuyó por el tono que estábamos discutiendo, dijo que no era una buena idea caminar ese día y que él tampoco iba a caminar ese día. Así que al final nos quedamos los tres en el refugio. Después de un rato nos fuimos caminando hacia el camping. Yo me fui con las mayas debajo del pantalón. Llevaba la capa para la lluvia. Llegué con los pantalones y las mayas empapadas al camping. El viento no soplaba con tanta fuerza como la tarde anterior pero seguía soplando. Yo me agarraba a las piedras para no salir volando. Llegamos al camping y allí tendí las mayas y me quedé en pantalones cortos para que se secaran la mitad de los pantalones que se habían mojado por la lluvia. En el bar del camping tenían la estufa puesta. Pasamos casi todo el día allí. Desayunamos y comimos allí. Y también compramos víveres. Hicimos una buena compra. Compramos un queso, latas de sardinas y atún, pan y una botella de vino. Y agua. Allí recogí agua para mi cantimplora y compré una botella de litro y medio o dos litros. También compramos chocolate, un gran aliado en la montaña a mi modo de ver. Lo de la botella de vino fue una gran idea para pasar la noche en el refugio. Como no pagamos hospedaje ese día, nos dimos un homenaje en la comida y comprando víveres. Por la tarde, camino del refugio, nos medio bañamos en el río, aunque no gran cosa. Estaba muy fría. Francisco se bañó entero. Yo no me atreví a tanto. El agua estaba helada. Después; Francisco y Valeria se fueron a inspeccionar el inicio de la ruta del día siguiente. Francisco nos dijo que a la salida del refugio no estaba muy claro el camino y decidió enseñarnos en qué momento nos podríamos confundir. Yo me quedé en el refugio escribiendo. Valeria y él se fueron. Antes de irse, Francisco me dijo cuando me vio escribiendo: “Tú escribes. Como los poetas”. “Pues sí”, le contesté. Por la noche en el refugio, Francisco hizo una pequeña hoguera dentro del refugio. Estuvimos fundiendo el queso en unas ramas que había por allí y bebiendo vino. Comimos chocolate, y algún que otro vívere. Fue una gran noche. Yo me sentía muy lejos de toda rutina habida y por haber. Aquella experiencia rompía por completo toda rutina. Pasar la noche en un refugio no guardado, estar haciendo el GR sola, haberme encontrado con Valeria un día y otro con Francisco, caminar debajo de la lluvia y con viento, darme cuenta del cambio tan importante de paisaje, bañarme o medio bañarme en el río… en fin. Todo eso para mi fue romper la rutina por completo. Más feliz no me podía sentir. Y no podía pedir nada más en esos momentos. Nos estuvimos riendo mucho hablando de los refugios de peregrinos. Yo hice un tramo del Camino de Santiago hace más de diez años atrás. Hice de Astorga (León) hasta Santiago de Compostela. Recuerdo perfectamente la dura vida de las noches en los albergues, aunque al fin y al cabo es como las noches en los refugios guardados. Compartir espacio con otros tantos seres humanos roncando y todo ese tipo de experiencias es realmente divertido cuando se recuerda. Una de las cosas que más nerviosa me ponían en los albergues de peregrinos era el ruido de las bolsas de plástico. Nos pusimos los tres a imitar el sonido de las bolsas de plástico y cómo nos sacaban de quicio. Muy divertido. Realmente nunca olvidaré esa noche en el refugio no guardado de Zuriza con Valeria y Francisco. Valeria a mi me hablaba en italiano y la entendía. No siempre, pero prácticamente sí. Yo le hablaba en español. A veces ella me hablaba en español. A veces ella me preguntaba cómo prefería que me hablara. Yo le respondía que como ella quisiera. Cuando hablábamos Francisco, Valeria y yo; hablábamos en francés, a ratos en español, a ratos en inglés. Hacíamos allí una mezcla en la que a veces soltábamos en una misma frase palabras en francés y otras en inglés. Una chapuza realmente, pero qué importa. Lo más importante es que nos logramos comunicar. Me di cuenta de lo verde que estoy en francés y en inglés hablado, pero podría haber sido mucho peor teniendo en cuenta que como mejor se domina un idioma es cuando lo hablas todo el día. A veces yo decía cosas en catalán y los dos me entendían. De hecho; a veces me entendían mejor si lo decía en catalán que en castellano. Nos fuimos a dormir. Esa noche el viento sopló con más fuerza todavía que la noche anterior. Esa noche no dormimos nada ninguno de los tres. Hasta aquí la narración del GR-11 Senda Pirenaica por Euskal Herria. Zuriza ya es Aragón.


Responsabilidad mundial en el Cuerno de África

agosto 30, 2011

Pobreza y miseria son dos cosas muy distintas. La primera tiene que ver con la falta de recursos. La segunda, con la falta de conciencia mundial. La catástrofe humanitaria que está ocurriendo en Somalia y en los campamentos de Dadaab es mirar a otro lado. Es no querer ver, ni oir una realidad. Este vídeo dura diez minutos. Por favor; difundirlo no os llevará mucho tiempo. Es del programa Informe Semanal de TVE.

http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semenal-somalia-olvido/1183781/?media=tve


Manifestació 19 de Juny a Barcelona

junio 20, 2011



Chazon Children Centre en el corazón

enero 10, 2011

Entre el 29 de agosto y el 18 de septiembre de este año viajé a Kenya para vivir una experiencia de voluntariado en África. Chazon Children Centre, un colegio situado en Molo, en el Rift Valley es el lugar donde viví esta experiencia, que hasta ahora ha sido la mejor de mi vida.

Mi idea de África es la que sale por la televisión, que supongo que una/o, si no sale de su casa, y sólo ve la televisión es la idea que se puede hacer de determinados lugares del mundo o situaciones. Recuerdo que Elizabeth, la hermana de Lucy, directora de Chazon Children Centre, me preguntó un día por la mañana mientras esperábamos el matato (medio de transporte en Kenya) en su barrio para ir al centro de Nairobi que cómo me imaginaba las casas de África antes de viajar al continente. Le dije que me las imaginaba más o menos como las que vi en Nairobi. Como la suya y la de Patrik, hermano de Lucy. Pero no era cierto. Me imaginaba que eran casas sin agua, taza del water, lavabo y sin bañera todas ellas. Esa era la idea que tenía de África. La que sale por la televisión o la idea que yo me había hecho.

Salí del Aeropuerto del Prat, Barcelona, el 29 de agosto. Era domingo. Primero tenía que volar a El Cairo y después hacer transbordo allí hacia Nairobi. Mi avión salió con tres horas de retraso de Barcelona. A la capital egipcia llegué a las once de la noche, más o menos. Mi avión hacía una hora que se había ido, como es lógico. Me resolvieron la situación en el el aeropuerto de El Cairo y desde allí volé a Nairobi con Kenya Airways; no con Egiptair, que es con quien volé de Barcelona a El Cairo y con quien tenía que haber seguido volando hasta Nairobi.

En el avión hacia Nairobi me tocaron como compañeros de vuelo dos hombres de El Cairo. Uno de ellos se bajó en Khartoum (Sudan). El otro iba más allá de Kenya. El avión en el que viajé de El Cairo a Nairobi venía de no sé dónde de África. Su destino final no era Nairobi, como yo pensé. Era otro país, otra capital africana cuyo nombre no recuerdo. Tras tres horas de vuelo aterrizó en Khartoum, capital de El Sudan. Hasta entonces, los otros pasajeros tenían la piel entre blanca y negra, más o menos, o de color blanca pero no mucho. En Khartoum, definitivamente un chico de Holanda que conocí en El Cairo y yo éramos los blancos del avión. Me fascinaron los rasgos fuertes y bellos de los rostros de los hombres y las mujeres. Especialmente, de las mujeres. La mujer es muy importante en el continente africano. También me fascinó el olor dulce que desprenden las personas de África. Mi corazón estaba feliz. Después de Khartoum volamos hacia Nairobi. Cuando despegamos de Khartoom era el tercer despegue del día. Bueno, ya era otro día. Yo no podía dormir. Mi compañero de vuelo me contó que trabajaba como de viajante o algo así y que se pasaba el día volando y visitando ciudades de África. Cuando llegamos a Nairobi, ese avión iba hacia otro país, muy alejado de Kenya.

Aterrizamos en Nairobi. Miré por la ventanilla. Era de día. Me parecía que estábamos aterrizando en la Sabana Africana. Vi uno de esos árboles de la Sabana Africana que salen en las películas y documentales, que parece que están tiesos, con las ramas como disparadas.

Cuando me bajé del avión en Nairobi, fui por donde va caminando todo el mundo en esos casos. Hice la cola en inmigración o para los ciudadanos no africanos. Mientras hacía la cola con el pasaporte y el carnet de las vacunas que tanto me habían dicho en Barcelona que era obligatorio que llevase porque es obligatorio para entrar en Kenya, para demostrar que estás vacunado de la fiebre amarilla; y que finalmente no me pidieron; me di cuenta que todas las personas llevaban un papel que yo no llevaba. Así que tuve que dejar la cola e ir a buscar el papel y rellenarlo. Me faltaba el papel para rellenar para que me dieran el visado. Volví a la cola y finalmente llegué al mostrador. Allí me hicieron el visado, tras pagar 25 dólares. Creo que esa fue la cantidad. Pero no lo puedo asegurar. Lo que sí sé es que no sirve llevarlo en euros. El visado en Nairobi hay que llevarlo en dólares. No cogen euros, al menos no fue así entre agosto y septiembre de 2010. Me tomaron varias huellas, me hicieron alguna que otra pregunta acerca del motivo de mi viaje y poco más. Cuando dije que iba a hacer un voluntariado en Chazon Children Centre, el hombre del mostrador me dijo que conocía el centro.

Cuando me dieron el visado, fui a buscar mi mochila. Estaba perdida. Era de imaginar. Había volado con una compañía aérea diferente a la que me correspondía realmente.

Después de estos dos trámites: visado y buscar la mochila, miré por la puerta enorme de cristal, la puerta corredera que separa a los viajeros de las personas que van a buscar a éstos al aeropuerto. Quería ver si estaba allí Patrik. No lo había visto en mi vida, pero pensé que a lo mejor llevaba uno de esos carteles que ponen: “Almudena, Spain” o “Chazon Children Centre”. Pero no vi ningún cartel. Llamé por teléfono a Lucy, para avisarle lo que me había pasado, para que avisara a Patrik, su hermano, de que mi avión había llegado con retraso. Pensaba que Patrik llevaba tres horas en el aeropuerto esperándome y yo estaba muy preocupada por esa espera suya. Cuando intenté llamar a Lucy, esposa de Samuel y ambos dos directores de Chazon Children Centre, no pude localizarla. No tenía activado algo en mi teléfono para poder hacer llamadas en Kenya. Así que hablé con un chico que trabajaba en el aeropuerto y le expliqué mi historia. Entonces él llamó con su teléfono a Lucy. Ésta pensó que yo llegaría el día 30 por la noche. No me esperaban para la madrugada del día 29. Me esperaban para la madrugada del día 30. Yo les dije que realmente llegaba el día 30, porque ya era día 30, pero eran las cuatro de la mañana la hora a la que llegaba. Se hicieron un lío con eso y no estaba Patrik, su hermano, allí. Así que todo salió perfecto en ese sentido. El retraso del avión no estuvo mal, porque Patrik no hubiese estado tampoco a las cuatro de la mañana. Desde que salí de Barcelona con ese retraso de vuelo, toda mi preocupación era localizar a Lucy para que avisara a Patrik. Mi vuelo fue un vuelo lleno de nervios por la preocupación del retraso y porque sabía que al cambiarme de compañía aérea en  El Cairo, la mochila se iba a extraviar. Pero cuando hablé con Lucy, me dijo que Patrik iría enseguida a buscarme. Leer el resto de esta entrada »


Mi experiencia de voluntariado en Kenya

diciembre 12, 2010

He abierto un nuevo blog. Y allí he narrado mi experiencia de voluntariado en Kenya. Concretamente, en Chazon Children Centre. Es un colegio de Molo. Un pueblo a tres horas en coche de Nairobi. Lucy y Samuel son los directores del centro. Es un matrimonio que trabajan para cuidar y proteger a los niños que viven en una situación de pobreza extrema en Molo. En esa zona de Kenya, en el Rift Valley, hubo una guerra entre tribus hace dos años. Muchos niños quedaron huérfanos y otros niños fueron abandonados. A Chazon, al colegio, suelen ir niños que tienen una situación de vida así. Pero también van otros niños que sí tienen padres.

La vida de Samuel y Lucy está volcada en el trabajo de las personas del pueblo que viven en la calle. Especialmente de los niños que viven así; que son muchos.

He narrado la experiencia de mi voluntariado en Chazon Children Centre durante tres semanas de mi vida aquí:

http://cronicasdelmundo.tumblr.com/

Voy a mantener este blog y el nuevo, de momento. Necesito un tiempo hasta hacerme con “tumblr”. Los blogs que sigo y me siguen; los tengo aquí.

He tardado casi tres meses en narrar esta experiencia. Es muy largo. En fin; paciencia. Puede que os resulte interesante lo que viví. A mi me fascinó.

 


Cuando México fue azteca y El Único Mundo

abril 26, 2010

“Los azteca, los mexica, como quieran ustedes llamarnos, nos estamos yendo ahora. Seremos dispersados y absorbidos, y pronto, muy pronto, desapareceremos y quedará muy poco por lo que seamos recordados. Todas las otras naciones también, invadidas por sus soldados que llevan nuestras leyes, por sus señores propietarios exigiendo esclavos para laborar, por sus misioneros llevando nuestros dioses, esas naciones también desaparecerán o cambiarán tanto que no se las podrá reconocer y caerán hasta quedar decrépitas. Cortés se encuentra en estos momentos llevando a sus colonizadores a lo largo de las tierras del océano sur. Alvarado está peleando por conquistar las tribus de las selvas de Quautemalan. Montejo pelea para vencer a los maya, los más civilizados en Uluümil Kutz. Guzmán está luchando para vencer a los desafiantes purémpecha de Michuacan. Cuando menos, todos esos pueblos, al igual que nosotros los mexica, tendrán el consuelo de que pelearon hasta el último momento. Compadezco a esas otras naciones, aun a nuestros antiguos enemigos los texcalteca, que ahora se lamentan amargamente por haberles ayudado a ustedes, los hombres blancos, empujándolos a tomar El Único Mundo.” (Crónica narrada por un indio anciano de la tribu comúnmente llamada azteca, tal y como fue recopilada por un fraile español). Leer el resto de esta entrada »