Aventuras de mi GR-11. Transpirenaica.

Hace mucho que no escribo aquí. Lo cierto es que si no tengo algo qué decir; escribir por escribir me parece poco auténtico.

En su momento relaté aquí toda la experiencia de la travesía pirenaica por Euskal Herria. El GR-11 por Euskal Herria transcurre en su mayor parte por Navarra, pero hay 20 kilómetros por Euskadi; por eso digo Euskal Herria. Todo lo vivido allí está aquí relatado. Me propuse seguir narrando la aventura por los Pirineos (yo pongo esta palabra con mayúsculas), pero me da pereza transcribir todo lo que relaté en su momento en papel. Es algo que tengo pendiente hacer. Son muchas las aventuras que he tenido por los Pirineos desde que inicié la travesía en 2012.

En esta ocasión, pego un buen salto en lo que al orden de la narración se refiere y ahora que sólo me quedan cinco etapas para ver el sueño cumplido, me apetece narrar tres etapas que he hecho en tres días. Las etapas que he realizado han sido de Camprodón a Albanyà.

El GR-11, la Senda que transcurre por los Pirineos y que va de Cabo Higer (Hondarribia-Gipuzkoa) a Cap de Creus (Cadaqués-Girona) y que se puede empezar en un sitio u otro y acabarlo en un sitio un otro; no pasa por Camprodón. La última vez que hice alguna etapa de esta senda, lo dejé en Beget. Tenía que llegar a Beget de alguna manera y es un sitio que no tiene línea regular de autobuses hacia alguna población de la comarca. Entre semana y durante el periodo escolar es posible unirse al autobús escolar o a un servicio de taxi del transporte escolar. Así que las opciones que tenía eran llegar a Camprodón en autobús desde Barcelona, dormir allí y al día siguiente coger un taxi de Camprodón a Beget o caminar de Camprodón a Beget. Y esta fue la opción que tomé.

De Camprodón a Beget

Llegué a Camprodón el día 23 de junio por la noche. Me hospedé en un hotel que barato no fue. La Garrotxa es muy cara. Es lo más caro que sme he encontrado en el Pirineo catalán. Pero para algo trabajo (al menos de momento) y en todo lo que sea viajar, no me duele gastarme el dinero, aunque a veces sea un precio por encima de lo calculado. Al día siguiente empecé mi aventura por el monte. Era día 24 de junio y las calles tenían los restos de la noche de Sant Joan del día anterior. De Camprodón me fui en dirección a Beget por el Camí Vell de Font Rubí. Era todo asfalto. El sol pegaba con fuerza y era todo de subida, pero una subida sin esfuerzo. Al llegar a Font-Rubí, salí a la carretera nacional. Caminé un kilómetro hasta el Coll de la Boixeda. Allí se toma el GR-11. Al llegar a una casa rural, el GR-11 se vuelve algo confuso. Hay que prestar atención y confiar en lo que marcan las señales, ya que hay un momento en el que resulta extraño que la senda pirenaica transcurra por ahí. Son hierbajos, sin un sendero definido. Al cabo de un rato se vuelve a salir a un sendero y se pasa por otra casa rural. Después de un rato caminando hay un sendero que continúa recto y otro que gira hacia la izquierda. El que continúa recto es el GR-11. Es la senda a seguir. El que gira hacia la izquierda es un sendero local que lleva al Castell de Rocabruna. Yo me confundí llegada a este punto. Tomé el sendero local sin saber que llegaba al Castell de Rocabruna. Cuando iba a tomar el otro, no veía ninguna marca y di por sentado que ese no era. El GR-11 a menudo transcurre a la vez que un sendero local. A menudo me he encontrado las marcas del GR-11, que como todos los GR son de color rojo y blanco, y debajo de estas marcas, una marca de color amarillo. A menudo se sigue un gr, y llegados a un punto te marca las señales de sendero local de color amarillo y se tarda en volver a ver las marcas rojas y blancas y sin embargo, estás haciendo la senda del gr. En la opción que yo tomé, no fue el caso. El gr se separa del sendero local. Me metí por el sendero local sin saber que iba a ir a parar al Castell de Rocabruna. Después de cerca de una hora subiendo por un mal sendero, me di cuenta que estaba fuera del gr. Al cabo de hora y media de subida me encontré una piedra inmensa, que evidentemente era algo. Y aquello era el Castell de Rocabruna. Yo llegué allí en su momento con la Neus, el Lluís y l’Oriol. Hicimos una circular de Beget al Castell de Rocabruna y volvimos por el GR-11. Así que me salí del GR-11, pero ese trozo ya lo había hecho con ellos en su momento.

Después de llegar al Castell de Rocabruna, me encontré con unos chicos que subían de Rocabruna y me indicaron cuál era la bajada hacia el pueblo. Por Rocabruna pueblo no pasa el GR-11 así que bajé por toda la carretera hasta Beget. Creo que fueron ocho kilómetros por carretera. Después de cinco, se puede tomar el GR-11 en un tramo en el que coincide con la carretera, pero yo ya había bajado por allí en su momento y aunque merece muchísimo la pena por su espectacular belleza, también recuerdo que había muchas piedras con musgo y tramos en los que había que ir con cuidado. Aunque este camino es mucho mejor que la carretera, yo opté por la carretera. Sólo me faltaban tres kilómetros a Beget y los mismos kilómetros me quedaban por la senda. Ya había hecho ese trozo, pero de repente me sentía floja y sabía que tenía que prestar mucha atención por la senda. Llegué a Beget cerca de las cinco de la tarde, con los pies destrozados después de tanto asfalto. Había salido cerca de  las diez de Camprodón. En Beget, me hospedé en una fonda típica donde por un precio mucho más asequible que en Camprodón, pude dormir, cenar y desayunar. Allí me relajé y realicé el típico ritual de quien hace una travesía del tipo que sea y el mismo ritual que en su momento también hacía en el Camino de Santiago. Ducharme, lavar los calcetines y las bragas, y tender ambas prendas. Tras este ritual, me senté en la terraza de la fonda, me bebí una cerveza y me puse a estudiar el mapa para la etapa del día siguiente hasta que llegó el momento de cenar.

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De Beget a Talaixà

Al día siguiente, día 25 de junio, realicé la etapa de Beget a Talaixà. En la fonda me prepararon un desayuno para que me lo tomara en la habitación y para el camino. Abrían a las ocho y media y yo salí antes. El principio de esta etapa transcurre por la carretera. Poco después se interna en el bosque. Crucé un río que no me quedó otra que cruzarlo tal cual. No había piedras por las que pasar. Traté de buscar otras alternativas, pero no las había. Las opciones eran cruzar el río descalza con las botas en la mano o con las botas puestas. Lo crucé con las botas puestas. No era la primera vez que lo hacía en el Gr-11. Inicié la subida poco después de pasar La Farga. La subida al Coll de Muls fue intensa. Se suben 350 metros en medio kilómetro. Después de este tramo, viene una bajada hasta la riera. Por esa zona me cambié los calcetines y saqué el botiquín porque tenía alguna que otra rozadura en un pie que me estaba molestando. Por esta zona me encontré varias familias bañándose en el río. Cuando me estaba curando los pies, me encontré dos chicas que estaban buscando un desfiladero. Me preguntaron cuánto faltaba para el río y les dije que tres kilómetros. Me dijeron que habían dormido en Talaixà y que el refugi tiene una parte privada pero otra libre y que se podía entrar. A esas alturas del camino yo ya había decidido que dormiría en Talaixà. Al llegar a la riera, crucé un puente de madera. Se cruzaba bien, pero me daba yuyu porque no había nada en ambos lados. Era sencillo cruzarlo, pero yo, en el medio del puente, me sentía muy impresionada. Tras esta experiencia, que por poco relevante que pueda parecer, me hizo sentirme satisfecha conmigo misma, ya que antes de cruzar el puente, me planteé darme la vuelta, emprendí la subida hacia Talaixà. El sol apretaba con fuerza. Fue un día de mucho calor. La segunda subida del día fue más llevadera que la primera, pero se me hizo más pesada porque el cansancio y el desgaste por el peso de la mochila me estaban pasando factura. Se suben 400 metros en dos kilómetros y medio. El esfuerzo era asequible, pero mi estado ya era muy deplorable a esas alturas. Pasé mucho calor, bebí mucha agua, pero apenas había comido desde que había salido de Beget. En el picnic que me habían puesto en Beget llevaba una manzana y un plátano y un zumo de piña. Sólo me pude comer media manzana y me bebí el zumo. El plátano estaba reventado por el calor y nunca mejor dicho. Era lo que mejor me hubiese venido para el esfuerzo final, aunque la media manzana y el zumo, también ayudaron. De Can Vaquer, la guía del GR-11 indica que faltan veinticinco minutos para Talaixà. Me hacen mucha gracia los tiempos de esa guía y de muchas. No están hechos para mi. Mi ritmo es lento en montaña. Está claro que estos tiempos están hechos para personas que caminan de forma fluida incluso cuesta arriba y con un peso en la mochila más ligero, cosa que no fue mi caso. Cuando llegué a Talaixà, fue como llegar al cielo. Un prado enorme para mi sola rodeada de montañas y con varios carteles indicando los diferentes caminos a tomar. En la casa, tipo masía, me di una vuelta y varias de las puertas tenían candado. La masía es del Centre Excursionista d’Olot. Tiene varias áreas privadas y una puerta que pone Refugi d’En Rodri. Esa área es libre. Al principio pensé que tendría que pasar la  noche al raso, pero pude abrir el cerrojo dándole con una piedra. El refugi es el mejor refugio libre que he visto en mis paseos por los Pirineos. Hay una litera con colchones. Salvo en Baiau, nunca había visto colchones en un refugi libre. Normalmente se duerme en la tabla tal cual. Las personas que habían pasado por allí habían dejado cosas de forma muy ordenada. Había desde galletas, hasta crema para el sol, alcohol, café, cazuelas y sartenes. También hay un sillón y el refugi estaba muy limpio. Hay hasta unas cuerdas para tender la ropa. Allí coloqué mis calcetines que estaban mojados de haber atravesado el río y el segundo par que llevaba también estaban húmedos porque la bota estaba mojada. Sólo me quedaba un par más, que son los que había lavado el día anterior en Beget y no se habían secado todavía.

En ese paraje de ensueño, comí unos sandwinch de chorizo de Pamplona y algún quesito, que es la comida que llevaba. Me tumbé en la hierba y di alguna que otra vuelta por la zona. De vez en cuando aparecían por allí algunos excursionistas que visitaban el poblado deshabitado, comían algo y seguían su ruta. Talaixà es un poblado deshabitado. Además de la masía-refugio del Centre Excursionista d’Olot, con el Refugi libre d’En Rodri, hay una iglesia y otras casas. A la entrada de este pueblo hay un cartel que dice algo así como que ese pueblo no está despoblado. Despoblado no, deshabitado sí lo está. Poco después de estar por allí dando vueltas, apareció una familia que eran del Centro Excursionista d’Olot porque tenían las llaves de los espacios privados. A eso de las seis de la tarde aparecieron por allí once personas del Centro Excursionista de la Ribagorza. No de la Ribagorça catalana. De la Ribagorza aragonesa. De Graus. Me hizo mucha ilusión porque sabía que al día siguiente haría la etapa hasta Albanyà con ellos. Yo no tenía claro qué iba a hacer al día siguiente antes de que apareciera este grupo. Mi idea era ir hasta Sant Aniol pasando por el Salt de la Núvia que es un sendero de unos cuatro kilómetros que transcurre colgado de un precipicio. Este paso, para quien no tenga vértigo, no supone ningún problema. El paso no es peligroso, pero si tienes vértigo, como es mi caso; o vas lesionado, o no te encuentras bien; sí lo es. Si estás lesionado o mareado, mejor no hacerlo. Si tienes vértigo, mejor ir con alguien. Me preocupaba este paso y mi idea era intentarlo y depende de cómo lo viera, continuaría o no. Si decidía darme la vuelta, mi idea era volver a Talaixà y allí tomar un sendero que baja hasta Sadernes, donde me quedaría en el camping. En el caso de que tomara esta decisión, dos días después haría la ruta de Sadernes a Sant Aniol y de allí hacia Albanyà. Sabía que iba a ser demasiado esfuerzo, pero de esa manera me evitaba el Salt de la Núvia. Cuando apareció el grupo de once personas, decidí que haría con ellos el Salt de la Núvia.

El grupo del Centro Excursionista de la Ribagorza eran muy majos. Por la experiencia vivida con otros grupos excursionistas en el GR-11 a los que me he unido para hacer una etapa, son personas que te alegran la vida. En el GR-11 he tenido la suerte que en las etapas que más me han impresionado o los pasos que más respeto me han dado, me he encontrado con gente. La etapa que transcurre en Aragón entre el Refugio de Respomuso y el Refugio Casa de Piedra de Panticosa, la hice con un grupo de montaña de Gorliz (Bizkaia). Con Goliz Mendi. Se pasa por el cuello del Tebarray, que es el punto más alto del GR-11. La etapa entre el Refugio de Goriz y el Refugio de Pineta, que es lo más duro que yo he hecho en el GR-11, la hice con dos hombres vascos. La etapa de Estaón a Tavascán que es del Pirineo de Lleida, antes de cruzar a Andorra, transcurre por un camino colgado de un barranco. La hice con dos alemanes. La etapa entre Tavascán y Areu la hice con un italiano. He tenido esa suerte. De lo contrario, en todas estas ocasiones, me hubiese saltado esas etapas o hubiera tenido un accidente en la etapa entre Goriz y Pineta; experiencia que ya relataré. Como decía, para mi fue una más que agradable sorpresa que el grupo de Graus apareciera por allí. Al principio pensé que también pasarían de largo, pero mi gran satisfacción fue que se quedaron y que además estaban haciendo el gr. Llevaban varios años haciéndolo. En esta ocasión sólo iban a hacer hasta Albanyà y luego volverían a Graus. No llegaron al refugio las once personas de golpe. Fueron llegando por momentos. Todos los que iban llegando lo primero que preguntaban es si había alguna fuente por allí. Yo quería saber lo mismo. La guía decía que entre la iglesia y las casas salía un sendero que iba a parar a una fuente. Nos metimos por allí y no encontramos nada. Vimos algo que parecía una fuente pero estaba seca. La familia que se hospedaba en la parte privada del refugio nos dijo que antes del Salt de la Núvia, sale un sendero que va en el sentido contrario al Salt de la Núvia y que por ese camino hay una fuente. Varias personas fueron a buscar agua por dónde les había indicado la familia que se hospedaba en el área privada del refugio.

La noche en el refugio fue como otras tantas que he tenido cuando he coincidido con muchas personas. Varias personas durmieron al raso, otros en tienda, cuatro o cinco con esterilla en el suelo y dos en la litera. Yo me quedé la mitad de la noche en la litera y la otra mitad dormí al raso. En el refugio roncaban y era incapaz de conciliar el sueño. Al raso se dormía muy bien. Yo no podía dejar de pensar en el Salt de la Núvia. Justo dos horas antes de levantarme, fue cuando mejor estaba durmiendo. Nos levantamos a las seis y salimos de Talaixà hacia las siete.

De Talaixà a Albanyà

De Talaixà a Sant Aniol son cuatro kilómetros. El sendero transcurre por el Salt de la Núvia. Es un tramo espectacular. Si no se tiene vértigo, merece la pena pararse a contemplarlo o a hacer fotos. Yo no pude hacer nada de esto, pero no por ello dejé de percatarme de su belleza y espectacularidad. Es tan espectacular, que el vértigo se ve aminorado. También es cierto que este tramo no lo hubiera hecho sola. Al principio el sendero tiene mucho espacio y hay un trozo equipado con unas tablas. Es un trozo ancho, sobretodo al principio. Poco a poco se va reduciendo y el sendero es estrecho y con una caída al precipicio espectacular, pero es buen camino. Cuando se deja el Salt de la Núvia, empieza la bajada a Sant Aniol. La entrada en Sant Aniol es de cuento de hadas y duendes. Es un bosque lleno de musgo, con piedras y árboles de color verde por el musgo. Hay muchas áreas así en La Garrotxa y en la zona de Montagut. En Sant Aniol hay una hermita, una fuente y hay un refugio que están construyendo. No sé si el refugio es libre o privado. Yo diría que es privado. Daban ganas de quedarse en esta zona y bañarse en el río y descansar, pero había que continuar. Yo decidí que bajaría a Sadernes porque quería cargar la batería del móvil en el camping y comer bien. Dos de los chicos del grupo cruzaron conmigo un puente que se mueve mucho. Me despedí de ellos. Ellos continuaban hacia Albanyà. Poco después vi unos carteles que indicaban que el GR-11 transcurría por donde yo estaba pasando. A Sadernes eran tres horas de bajada. El GR-11 no va por Sadernes. Quería quedarme en Sadernes, pero vi que al día siguiente tendría tres horas de subida de Sadernes a Sant Aniol y luego, la fuerte etapa de Sant Aniol a Albanyà. Empecé el descenso hacia Sadernes. Apenas llevaba cinco minutos bajando, cuando escuché las voces del grupo con el que había dormido en Talaixà y con el que había hecho el tramo de Talaixà a Sant Aniol por el Salt de la Núvia. Retrocedí para saludarlos y entonces decidí que seguía con ellos hasta Albanyà porque así me ahorraba tres horas de etapa al día siguiente. Sabía que iba a sufrir mucho porque llevaba ampollas en los pies, pero era la oportunidad para mi de hacer una etapa dura yendo acompañada. Empezamos el ascenso hasta el coll del Bassegoda. Un duro ascenso de unos 700 metros. A pesar de que son 700 metros de golpe, la subida es menos empinada que los 700 metros en dos partes que hay entre Beget y Talaixà. El camino no es demasiado bueno. Eso sí. Es bastante quebradizo. En algún momento como descompuesto y en otros como una tartera. Es como si hubiera habido fuertes desprendimientos desde la parte alta de la montaña que hubieran ido a parar a la ladera. Hacia las dos y media de la tarde llegamos al coll del Bassegoda, desde las nueve y media o así que habíamos salido de Sant Aniol. La inmensa mayoría del grupo iba mucho más avanzado que los tres que íbamos los últimos: Sergio, Javi y yo. Cuando llegamos al coll del Bassegoda, empezamos un fuerte descenso por parte de sendero. No recuerdo bien a qué altura, probablemente a la altura del Refugi libre del Bassegoda, hay una fuente. El refugio se llama Refugio del Centro Excursionista de Figueres o algo así. Está en Can Nou. La fuente es una maravilla. Es una área donde se puede descansar. La fuente tiene un palo de madera en el agujero por el que sale el agua. Al sacar el palo, que va atado con una cuerda a otro punto, sale un buen chorro de agua. Una vez que se ha rellenado la botellas o las botellas o las cantinploras, se vuelve a tapar. El agua de esa fuente es muy fresca y muy buena. Desde aquí hasta Albanyà son nueve kilómetros por pista asfaltada. Es una bajada muy dura después de todo lo recorrido. Es cuando los pies están más resentidos y con el asfalto, todavía se resienten más. Llegué al camping de Albanyà totalmente destrozada. Caminaba como una anciana. Todo el mundo me miraba. Supongo que es algo que hacemos todos. Miramos lo que nos llama la atención, pero considero que hay personas que me pregunto de dónde han salido como para ser tan sumamente descaradas o tan fácilmente impresionables como para no quitarte la mirada de encima porque caminas con dificultad. A la altura del camping me despedí de las personas con las que había hecho la etapa. Tenían un servicio de autocar o una especie de furgoneta contratado para volver a Graus. Me siento muy agradecida con este grupo por haberme podido unir a ellos y hacer una etapa tan dura con ellos.

Al día siguiente me lo pasé en el camping reponiéndome de mis ampollas y descansando. Ayer iba a hacer la etapa entre Albanyà y Maçanet de Cabrenys, pero el lumbago que me dio, no me lo permitió. Volví a Barcelona. Me quedan cinco etapas para acabar el GR-11. Muchas personas tienen su proyecto de vida. El único proyecto que es mío de momento es cruzar los Pirineos. Llevo cinco años haciéndolo. Cuando empecé, nadie daba un duro por mi. Después, los mismos que no creían en mis capacidades, empezaron a preguntar si lo había acabado ya. No tengo que justificar nada ante nadie. Me he cruzado casi todos los Pirineos yo sola con más de diez kilos a mi espalda. Tengo motivos más que suficientes para dar las gracias por ello a nivel cósmico por haber puesto en mi camino a personas cuando más lo necesitaba. Y tengo motivos más que suficientes para sentirme satisfecha conmigo misma. Sé que muchas personas hacen la travesía del tirón en cuarenta y cinco días. La inmensa mayoría van en pareja. Personas solas cruzando los Pirineos, no somos tantas. Por todo lo vivido hasta ahora: Gracias.

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6 Responses to Aventuras de mi GR-11. Transpirenaica.

  1. tribinha dice:

    Muy bien Almu. Bonita pero dura aventura. Y no hagas caso de la gente. Tu te has propuesto hacerla toda, pero lo que importa no es el tiempo empleado, sino acabarla y yo sé que (más temprano que tarde) lo vas a conseguir!! 🙂

  2. Carlos dice:

    Felicidades Almudena, es toda una epopeya tu relato de la travesía del gr 11. Y tu estilo me encanta, sencillo, autocritico y muy explicativo. Espero que transcribas tus experiencias en el tramo aragonés cuanto antes. Un saludo de un admirador de Málaga.

  3. BSM dice:

    Almudena.

    Tu blog sobre el gr-11 es precioso, intimo, vital…
    Estoy planteandome hacer 10 etapas en octubre.
    Una duda:
    – debo entender que no llevabas gps
    – el saco de dormir lo consideras imprescindible?

    Bernat

    • Crónicas dice:

      Hola, Bernat.
      No. No llevaba GPS, lo que por GPS se entiende como aparato tipo reloj o algo así que se lleva en la muñeca de la mano. Llevaba GPS en el móvil. Me descargué la travesía completa en el móvil con una aplicación de tantas que existen. No me sirvió de nada porque la que yo me descargué sólo servía si había cobertura. La inmensa mayoría de las veces no tenía cobertura, incluso en baja montaña. Esto de la cobertura depende de la compañía telefónica con la que estés. Tampoco tenía Internet en el móvil la inmensa mayoría de las veces. Cuando me conectaba al GPS del móvil me decía que la señal era muy baja.
      Si llevas mapa físico y brújula manual y sabes orientarte en el entorno con el mapa y la brújula, no necesitas GPS. Cuesta una pasta y depende del uso que le vayas a dar, no sé hasta qué punto merece la pena comprárselo. No es necesario si sabes orientarte con brújula y mapa. Si tienes mucha tendencia a perderte, entonces quizá deberías plantearte comprarlo o no. No sé. Yo considero que es mucho más importante llevar siempre el mapa físico y la brújula manual y saber orientarse. O también, hacer un curso de orientación en montaña. Yo no lo he hecho, pero es probable que haga uno, porque no acabo de orientarme bien. De todas formas el GR-11 está bien marcado en su inmensa mayoría. Hay una etapa que está muy mal marcada y es la peor señalizada de todo el GR-11. En l’Alt Empordà está bien marcada pero esta zona ha sufrido varios incendios y han vuelto a marcar el camino. En l’Alt Empordà hay que ir con mucho cuidado y fijándose continuamente. Cuando en la travesía sigues las marcas del GR-11 y después de unos 200 ó 300 metros o así no ves otra marca, párate y date la vuelta hasta buscar la última marca que dejaste atrás. A veces se pierde mucho tiempo, pero si al cabo de más de 300 metros después de dejar atrás la última marca atrás, no ves otra, es cuando hay que plantearse que igual te has despistado. Esto no siempre es así. Hay tramos de carretera, donde a veces no hay marca porque han puesto el cartel del GR-11 previamente y ya no han marcado más el tramo. No sé a qué altura del GR-11 estás, pero depende por dónde andes o lo que vayas a hacer, te puedo orientar con algunos puntos donde yo me perdí.
      El saco de dormir lo considero imprescindible si vas a refugios libres. Si vas a dormir en refugios libres o vas en tienda de campaña. Si vas a dormir en refugios guardados, también te lo recomiendo. Si vas en verano, según a qué refugio guardado vayas a dormir, quizá pases mucho calor y el saco de dormir no te haga falta. Suelen tener mantas o fundas de edredón o algo con lo que taparte. Lo cierto es que el refugio guardado de menos altitud estará a 1200 metros y depende en la época del año que vayas a ir, sí necesitarás el saco. Muchos refugios están a 2200 y algunos a más altitud, y aunque sea verano, yo sí te aconsejo que te lleves el saco. Hay tramos donde no encontrarás refugios guardados. Encontrarás refugios libres y en la zona de la civilización, pues hostales, casas rurales, hoteles, albergues… eso depende del sitio. Si tienes alguna duda con alguna etapa determinada o sitios donde hospedarte durante el recorrido, no dudes en contactarme. Buena travesía, Bernat. Mucha fuerza y ánimo.

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